A diferencia de la mexicana, la política migratoria estadunidense tiene ya varias décadas tornándose cada vez más rigurosa. La caída de las Torres Gemelas sirvió como punto de inflexión para una política migratoria cada vez más restrictiva y criminalizante que en la actualidad, en un cambio de paradigma, se ha concentrado en los acuerdos internacionales referidos a la solicitud de protección internacional. De esta manera, los refugiados y los solicitantes de asilo se convierten en la modalidad de migración que ya no debe de ser contenida en los Estados Unidos, sino desde México y en los países de Centroamérica. En ese sentido, nuestro país se ha visto orillado a redirigir su política migratoria de acuerdo a los intereses del vecino del norte a partir de amenazas arancelarias.
Paradójicamente, en los dos últimos años, hemos atestiguado cómo en México se ha utilizado de forma ambivalente el discurso de la movilidad humana como un derecho que precisa de reconocimiento y cooperación internacional para ser protegido, lo cual ha sido estipulado en el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular convocado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 2018). Este discurso ha funcionado como un instrumento legal que justifica acciones de detención y expulsión bajo la etiqueta de gestión ordenada y segura.
Firmado y ratificado por el gobierno mexicano en diciembre del 2018, la narrativa del Pacto ha funcionado para operar una serie de acciones públicas en relación a la gestión de la migración en el país, las cuales restringen la posibilidad de movimiento a través del territorio nacional y mantienen atrapados a miles de migrantes y solicitantes de asilo en zonas fronterizas y no para garantizar el derecho al libre tránsito.
Si bien el acuerdo no es vinculante, sí constituyó un primer gran esfuerzo global por proteger a las personas indocumentadas insertas en los flujos migratorios contemporáneos. El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, ha argumentado que nuestro país fue uno de los que promovió dicho pacto de manera más activa y que por ello, al momento de plasmar su firma, México se convertía en el país más comprometido de todos para cumplir con los objetivos del mismo. Incluso, recién entrando como el titular de la SRE del nuevo gobierno y con el recuerdo todavía fresco de la última represión de migrantes por parte de la Policía Federal de la administración de Peña Nieto en la frontera sur, el canciller sentenció que al adoptar los acuerdos del Pacto las cosas cambiarían en cuestiones de política migratoria y que los hechos hablarían por ellos como gobierno humano.

Ilustración: Patricio Betteo
Lo cierto es que, en materia migratoria, la autodenominada “Cuarta Transformación” se ha esforzado para robustecer su capacidad de detención y expulsión de migrantes y solicitantes de protección internacional. La acción pública mexicana en esta materia se está tornando cada vez más restrictiva con el paso de los meses, al punto de desplegar contingentes militares a lo largo de la frontera sur con la finalidad de contener el éxodo migrante que intenta cruzar el territorio nacional con rumbo al país vecino. Ciertamente, es la Guardia Nacional la encargada de acompañar a los agentes del Instituto Nacional de Migración para hacer efectivo el resguardo de esa franja fronteriza, lo que ha provocado no sólo temor e incertidumbre entre las poblaciones migrantes sino también se han documentado casos de violaciones a los derechos humanos por parte de efectivos de la Guardia Nacional.
Sin embargo, en busca de evadir cualquier forma de contención migratoria —flancos militares, la valla de metal, el alambre de púas, etc.— entre Estados nacionales, las y los migrantes seguirán encontrando nuevas rutas, nuevos itinerarios, nuevas estrategias de desplazamiento, colocando su integridad de por medio: se lanzan al desierto abrasador o a la selva asfixiante, se meten en los recovecos de vehículos a costa de perder sus extremidades, se sirven de las rutas del crimen organizado o se lanzan en caravanas a enfrentar grupalmente las violencias a su paso. Asegurar y militarizar fronteras no ha funcionado para detener la migración. Levantar muros solo la ha vuelto más peligrosa.
Los hechos que supuestamente deberían de hablar por el gobierno actual, según el canciller Ebrard, están muy lejos de honrar las buenas intenciones con las que se promovió el Pacto Mundial para la Migración: amedrentamiento y acoso por parte de la Guardia Nacional hacia los albergues e intentos de restricción de visitas por parte de organizaciones de la sociedad civil a albergues y estaciones migratorias del gobierno federal; agotamiento de los migrantes en espera de un documento, de una firma o de una cita, donde se termina con la paciencia de por sí ya sobajada de aquellos que sólo quieren continuar su camino; la poca importancia reflejada en el presupuesto federal para la atención de los temas de refugio y asilo, ante el incremento histórico de las solicitudes de protección. En corto, acciones del actual gobierno hablan de una política donde las puertas de entrada tienen una serie de candados para los migrantes que desean ingresar a México y que resultan dificilísimos de abrir si las condiciones en las que se llega son las de pobreza y desigualdad —lo que tiene como corolario dinámicas de discriminación y exclusión racista y aporofóbica—.1
México, un país que no se cansa de repetirse a sí mismo la narrativa de país hospitalario, tiene ya varios años dejándolo de ser. México, en la aporía del filósofo francés Jacques Derrida (2000), se está caracterizando por ser un país hospitalario en cuanto inhospitalario. Es decir, algo que hemos dejado entrar en nuestras formas políticas migratorias es la práctica del hostigamiento hacia el migrante empobrecido y vulnerable: la práctica de la inhospitalidad. De la mano de estas prácticas, también emergen posicionamientos de diferentes sectores de la esfera pública en torno a la gestión migratoria. En algunas ocasiones, se cuelan discursos y narrativas antinmigrantes que se pueden llegar a consolidar si no se hace un esfuerzo por entender de manera compleja esta problemática.
En tiempos donde las acciones gubernamentales para la gestión de la migración a través del territorio nacional y a lo largo de Centro y Norteamérica se instalan en el centro del debate público como un “problema” a resolver y donde las narrativas mediáticas colaboran en moldear y reducir maniqueamente las complejas figuras de las y los migrantes, se vuelve de suma importancia generar y difundir información que vaya acompañada de ideas fundamentadas y rigurosas. La constante transformación de las características y modalidades de los flujos en la movilidad poblacional de estas regiones, así como el endurecimiento punitivo de los controles migratorios y la gestión de las fronteras, han ocasionado, en esa tónica, un bombardeo en la esfera pública con vilipendios y clemencias por igual.
Es por ello que celebramos esta nueva colaboración del Observatorio de Política Migratoria, de El Colegio de la Frontera Norte, con nexos para lanzar este necesario blog como un espacio para reflexionar sobre los vertiginosos cambios y acontecimientos que suceden en materia migratoria.
En este blog se publicarán colaboraciones académicas de especialistas en temas de migración, así como textos generados por actores y activistas de la sociedad civil organizada en defensa de los derechos humanos de las distintas comunidades de migrantes. Intentaremos cubrir el escenario de problemáticas en torno a la migración en estos territorios con la firme convicción de que la reflexión informada sobre la migración es un paso importante para desarticular los ladrillos que construyen muros físicos y simbólicos hacia las migraciones nacionales e internacionales.
Juan Antonio Del Monte Madrigal
Departamento de Estudios Culturales. El Colegio de la Frontera Norte.
Referencias
Derrida, J. y Dufourmantelle, A, 2000. La hospitalidad, Ediciones de La Flor, Argentina.
ONU, 2018, Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. ONU, Marruecos.
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 Ejemplo de ello puede reflejarse en el caso del crucero en el que viajaban miles de personas con alta capacidad adquisitiva y que era sospechoso de los primeros casos de coronavirus. El presidente ordenó inmediatamente que, por cuestiones de humanidad, los dejarían bajar a tierra, cosa que gobiernos como el de Jamaica e Islas Caimán habían negado.