Mujeres en movimiento. La necesidad de mirar la migración mexicana con una perspectiva de género

La migración, como muchos otros eventos del curso de vida de las personas, tiene efectos diferenciados sobre la vida de mujeres y hombres que están arraigados en los roles de género que les son socialmente asignados. Estos efectos se dan en diferentes escenarios alrededor del mundo y se encuentran enmarcados en el sistema migratorio que componen México y Estados Unidos. Este sistema, por su relevancia en términos de volumen, diferencias salariales entre países y por su existencia a lo largo de más de cien años, es un escenario propicio para reflexionar en torno a los impactos de los movimientos poblacionales sobre las relaciones de género en ambos lados de la frontera. De igual manera, brinda la oportunidad de plantear políticas públicas a favor de las mujeres migrantes y sus comunidades en México, para contribuir con soluciones de largo alcance, más allá de sólo atender intereses políticos y emergencias sociales.

Aunque se tiene registro de que el movimiento entre ambos países comenzó desde principios del siglo XX, es notable que fue el programa Bracero, vigente entre 1942 y 1964, el que dinamizó el sistema migratorio y estaba dirigido principalmente a hombres quienes eran vistos como proveedores de los hogares (Durand 2016). Sin embargo, ¿qué tanto permanece el perfil masculinizado de los migrantes mexicanos? Para responder a esto, habría que considerar las transformaciones en el volumen y las características de la población que migra a través de las décadas, mismas que responden a condiciones económicas y sociales cambiantes, donde el flujo migratorio se volvió más urbano y más diverso en los perfiles demográficos —incluyendo paulatinamente a mujeres, infantes, adolescentes, jóvenes y personas adultas mayores—.

Ilustración: Patricio Betteo

La evidencia indica que en 2017 vivían en Estados Unidos 13 millones de personas nacidas en México y que de éstas 6.1 millones (47 % del total) eran mujeres; es decir, que existe una paridad en el volumen (CONAPO 2019). Sin embargo, sea por los rastros que dejó el programa Bracero, o por la influencia de los medios de comunicación, se mantiene en el imaginario colectivo que son los hombres principalmente quienes migran y mandan remesas a sus familias y comunidades, dejando de lado e invisibilizando que una parte importante de las migrantes en Estados Unidos trabajan de manera remunerada y mandan dinero a México para el sostenimiento de sus familias. Aquí, cabe mencionar que la paridad en cuanto al volumen de mujeres migrantes no es única de este sistema migratorio, sino que es consistente con las tendencias en todo el mundo desde la década de los sesenta del siglo pasado (Donato y Gabaccia 2015), por lo que habría que replantearse las construcciones en torno al estereotipo de las personas que migran. Para cerrar la parte de los datos demográficos, es importante destacar que la migración de retorno —que siempre ha existido y que se ha acentuado desde principios de este siglo— tiene un componente importante de mujeres con el 37 % de un monto total de 615 800 personas y es también relevante que entre estas que regresan la proporción de las y los menores de 17 años —algunos nacidos en EE. UU.— fue de 28 % en el periodo de llegada 2010-2015 (Bautista y Giorguli n.d.). Lo que pone de relieve el que esta y futuras administraciones desarrollen estrategias que contemplen los perfiles demográficos de estas poblaciones.

Esta breve revisión de algunos datos duros, permite tener un panorama amplio de la situación actual. Sin embargo, más allá de la división de las estadísticas por sexo y de sus interpretaciones invita a pensar ¿qué hay detrás de los números? ¿cómo la migración transforma o reproduce los roles asignados a mujeres y hombres? ¿cuál es el papel de las comunidades expulsoras, receptoras y al retorno? Investigaciones hechas en México y en Estados Unidos en las ultimas décadas han encontrado resultados mixtos (Giorguli y Angoa 2016). Por ejemplo, en el país receptor, la evidencia sugiere que por un lado, hay avances en la agencia de las mujeres y es ahí donde ellas encuentran su primer empleo remunerado y adquieren autonomía económica; y por otro, hay investigaciones que exponen que los empleos a los que tienen acceso responden a un mercado segmentado que las confina a trabajar en actividades relacionadas con los cuidados y el trabajo doméstico  lo que reproduce los roles de género y limita las posibilidades de incursionar en otros sectores del mercado laboral (Hondagneu-Sotelo 2003). Otro ejemplo se puede encontrar en los contextos de llegada donde de nuevo, por un lado parece haber avances y las mujeres esposas de migrantes se quedan a cargo de la toma de decisiones dentro de los hogares teniendo libertad de gestionar los recursos económicos y la crianza, pero por otro, son sometidas al escrutinio público y vigiladas por familiares cercanos (D’Aubeterre y Ariza 2009). Estos ejemplos ilustran que el avance hacia la igualdad entre mujeres y hombres no necesariamente sucede en una línea recta sino que tiene vaivenes -como la mayoría de los procesos sociales- y en algunas condiciones se dan avances sustantivos y en otras se presentan retrocesos.

Las vetas que se pueden explorar en torno a la investigación sobre género y migración pueden ser muchas, sin embargo, en un ejercicio de síntesis y restringiéndolas a temas de la agenda de género en México incluidas en la presente administración y encaminadas hacia la igualdad sustantiva se pueden seleccionar tres donde es fundamental pensar los retos y oportunidades que presentan las características de las mujeres con experiencia de migración internacional directa o bien indirecta —por un vinculo creado con sus cónyuges u otros familiares—.

La autonomía económica de las mujeres es aún un reto para la sociedad mexicana donde existen brechas importantes en el salario y prestaciones entre sexos y donde la proporción de mujeres en edades laborales que se encuentran en la población económicamente activa es menor cuando se compara con otros países (Colmex-ONU-Mujeres 2019). En este respecto, las mujeres con experiencia migratoria se enfrentan en México a un mercado laboral precario y con una baja remuneración, situación que contrasta con su experiencia en el extranjero donde si bien es sabido que las condiciones no son las mejores, a muchas de ellas les parece que la remuneración en el extranjero compensaba su situación. Eso por un lado, por otro, se ha encontrado también que al retorno muchas de ellas no encuentran un lugar para trabajar o bien al retornar con sus parejas encuentran sanciones sociales y culturales donde no es bien visto que ellas trabajen porque a los hombres les corresponde la proveeduría de los hogares. En este sentido, habría que plantearse, ¿cómo hacer para que las mujeres revaliden su experiencia laboral a su regreso? Y además, ¿qué estrategias deben implementarse para disminuir la estigmatización del trabajo femenino sobre todo en localidades rurales?

El trabajo doméstico y el de cuidados son actividades que han sido socialmente asignadas a las mujeres, por lo que en la actualidad se tiene una sobrecarga para ellas en la mayoría de los estratos sociales. En el caso especial de las mujeres migrantes, es paradójico que —como se enunció antes— muchas de ellas encuentran trabajos remunerados únicamente en estas actividades en el extranjero y a la vez tienen que dejar a cargo de otras personas el cuidado de sus hijas e hijos. Lo que pone de relieve la necesidad de construir como se ha venido planteando un sistema nacional de cuidados (Inmujeres 2019) que cubra las necesidades de madres que trabajan en el país y que se incluya también a las que están en el extranjero.

La toma de decisiones de las mujeres en el ámbito privado como en el público se tiene que fortalecer, para que las necesidades de éstas se coloquen de manera frontal y sean resueltas las problemáticas que las aquejan y puedan ganar espacios de decisión en la vida pública. En un país como México con prácticas machistas que permean toda la sociedad es necesario posicionar a las mujeres migrantes como agentes de cambio y con una voz potente. Para esto es imprescindible considerar la experiencia de vida de éstas y que al experimentar un movimiento internacional —si bien no en todos los casos— muchas de ellas pudieron tener una vida en un sistema con normas menos patriarcales y con más libertad, por lo que a su regreso resultaría importante rescatar estas experiencias y convertirlas en detonadoras del cambio en sus comunidades.

Los temas elegidos sin ser exhaustivamente expuestos, ponen de manifiesto la necesidad de mirar con una perspectiva de género a las mujeres migrantes, sus familias y sus comunidades y resaltar sus particularidades que requieren tratamientos específicos al momento de incorporarlas en los programas y políticas públicas. Asimismo, este grupo también presenta por sus características una oportunidad grande para avanzar en el empoderamiento de las mujeres colocándolas como agentes de cambio en la sociedad.

 

Andrea Bautista León
Doctora en Demografía Aplicada por la Universidad de Texas en San Antonio, actualmente es encargada del departamento de Información e Investigación en Género en el Instituto Nacional de las Mujeres.

La opinión expresada es responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la posición del Inmujeres.


Trabajos citados

Colmex-ONU-Mujeres. 2019. El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un mundo cambiante. Ficha México. Ciudad de México.

CONAPO. 2019. “Anuario de Migración y Remesas”. Ciudad de México.

Bautista Andrea, y Giorguli Silvia E. n.d. “Estampas del retorno: un análisis de las tendencias estatales de 1990 a 2015”, en Derechos Fragmentados: Acceso a derechos sociales y migración de retorno a México.

D’Aubeterre Maria Eugenia, y Ariza Marina. 2009. ”Contigo en la distancia… Dimensiones de la conyugalidad en migrantes mexicanos internos e internacionales”, De Rabell Cecilia, 353-391. UNAM-IIS.

Donato Katharine M., y Gabaccia Donna. 2015. Gender and International Migration. New York: Russel Sage Foundation.

Durand Jorge. 2016. Historia Mínima de la Migración México-Estados Unidos. Ciudad de México: Colmex.

Giorguli Silvia E., y Angoa M. Angoa. 2016. “International Migration, Gender and Family: A Miroir from Latin America”, En International Handbook of Migration and Population Distribution, 543-572. Srpinger.

Hondagneu-Sotelo Pierrete. 2003. Gender and U. S. Immigration: Contemporary Trends . University of California Press.

Inmujeres. 2019. “Especialistas reflexionan sobre el desarrollo de capacidades para cuidados de largo plazo de base comunitaria”.


Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.