Remesas y coronavirus: el caso de México

“Decía que no, que no quería ir al hospital […], que por ser inmigrante lo iban a dejar morir más rápido”.
—Manuel Archundia, Nueva York, abril de 2020.1

Por su situación precaria, el tipo de labores que realiza y su acceso a los servicios médicos, la población mexicana en Estados Unidos (11.1 millones según el último censo estadunidense) resentirá particularmente los efectos de la crisis sanitaria y la desaceleración económica que ocasionó el COVID-19 (enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2). Además, es previsible que, con el deterioro de su salud física y sus oportunidades laborales, disminuya su capacidad para enviar remesas a sus familiares –en su mayoría hogares de bajos ingresos–, lo que a su vez afectará la economía mexicana. Las vulnerabilidades de los migrantes durante esta pandemia, por tanto, aumentan las vulnerabilidades de los hogares que dependen de ellos.

Ilustración: Víctor Solís

Las consecuencias de la pandemia en la población migrante

Las poblaciones migrantes tienden a ser más jóvenes y contar con mejor salud que la población no extranjera. Ello se explica en parte por el proceso de auto selección de los individuos más sanos en el proceso migratorio, pero también porque hay un número menor de diagnósticos entre los migrantes (asociado al poco conocimiento sobre su propio estado de salud) y, por ende, se subestiman las enfermedades que los afectan.2

Las estadísticas sobre los migrantes mexicanos en EE. UU. confirman esta tendencia: el 86 % de los mexicanos en Estados Unidos tiene menos de 62 años,3 lo cual teóricamente podría reducir el riesgo de complicaciones en caso de contagio de COVID-19. Asimismo, la Encuesta Nacional de Salud (NHIS, por sus siglas en inglés) muestra que la población hispana en ese país (60 % de la cual proviene de México) presenta menores tasas de asma y enfermedades cardíacas que la población no hispana. Sin embargo, presenta otros factores de riesgo como mayor prevalencia de obesidad y diabetes.4

Se suma además un factor agravante, la falta de cobertura médica. En 2018, 37 % de los migrantes mexicanos no contaba con seguro médico, en comparación con 9 % de la población estadounidense, lo que no sólo recrudece las consecuencias financieras de contagiarse, sino que reduce la posibilidad de procurarse tratamiento médico en primer lugar. Bajo las circunstancias particulares de esta pandemia, ello se traduce en mayor riesgo de contagio para la comunidad migrante en su conjunto. Más aún, la precariedad de sus condiciones laborales5 y de vivienda hace prácticamente imposibles las medidas de distanciamiento social. En Estados Unidos, las poblaciones migrantes son tres veces más propensas a vivir en condiciones de hacinamiento.6

Por si fuera poco, el brote en Estados Unidos coincidió con la implementación de una regla que penaliza a los extranjeros en la obtención de su residencia o Green Card si utilizan beneficios públicos, entre ellos Medicaid o elseguro de salud público.7 Según informes de algunas organizaciones comunitarias, la implementación de esta regla ya ha comenzado a disuadir a la población migrante de buscar tratamiento médico.8 De esta manera, tanto las inequidades socioeconómicas como la falta de cobertura médica se traducen en tasas desproporcionadamente altas de infección y mortalidad entre los hispanos, como lo evidencia la ciudad de Nueva York donde la pandemia ha sido dos veces más letal para esta población que para la población blanca.9

En paralelo, los migrantes mexicanos —como la mayoría de los migrantes en la economía global— son más vulnerables a los efectos de la recesión económica. A medida que la pandemia progresa, la tasa de desempleo ha aumentado para el conjunto de los trabajadores en Estados Unidos, pero ha incrementado severamente entre la población hispana: de febrero a marzo de 2020, la tasa de desempleo hispano se agudizó en 1.6 puntos porcentuales comparado con 0.9 puntos porcentuales para la población en su conjunto10 (Figura 1, Panel A). Los sectores que emplean a una mayor proporción de mexicanos son aquellos que han registrado más pérdidas de empleos (Figura 1, Panel B).

Figura 1. La población hispana en EE. UU. ya enfrenta las consecuencias económicas del COVID-19

Por último, la falta de documentos de residencia aumenta la vulnerabilidad de casi la mitad de la población mexicana en Estados Unidos (43 %) y los excluye además de los programas económicos de rescate. Aunque se estima que los migrantes indocumentados pagan 11.7 mil millones de dólares en impuestos cada año,11 son inelegibles para el paquete de estímulo anunciado por el presidente Donald Trump porque generalmente utilizan el Número de Identificación Fiscal (ITIN en inglés) y no el Número de Seguridad Social. Es por ello que, empujados por la precariedad de su situación económica, muchos migrantes continúan trabajando, incluso si esto incrementa el riesgo de infección.

Las implicaciones para la economía mexicana

Es inevitable que las consecuencias económicas de la pandemia afecten el flujo de remesas hacia México, que en 2019 alcanzaron 36 mil millones de dólares, el equivalente a 2.7 % del PIB nacional.12 Un análisis del banco español BBVA estima que las remesas se contraerán 17 % en 2020 si el impacto económico del COVID-19 supera la recesión financiera de 2008, y que tardarán entre tres y oxho años en recuperarse.13 No cabe duda que la disminución tanto en la frecuencia como en el monto de las remesas complicará la economía en México que, según analistas, enfrenta una de las recesiones más profundas del continente. La corporación Bank of America, por ejemplo, estimó una contracción de 4.5 % del PIB comparado con una contracción de 1.6 % para América Latina.14

Si bien los flujos de remesas son generalmente estables y contracíclicos respecto de la economía receptora, las crisis globales afectan tanto a los países emisores como receptores de remesas. Tras la crisis de 1994, por ejemplo, las remesas aumentaron considerablemente (los envíos promedio por hogar se duplicaron entre 1994 y 1996)15 y contribuyeron por tanto a mitigar la penuria económica de las familias receptoras. Sin embargo, en 2009, las remesas hacia México se contrajeron 15 % respecto del año previo.16

Aunado a lo anterior, la dependencia de México de las remesas que se originan en Estados Unidos agrava la prospectiva, pues a menor diversificación de los destinos migratorios menor estabilidad y resiliencia de estos flujos. En México, más de 90 % de las remesas provienen de Estados Unidos, por lo que su efecto mitigador depende de manera desproporcionada de la recuperación estadounidense.

En el ámbito microeconómico, los hogares más pobres en México serán los más afectados. En 2018, las remesas representaron 22 % del ingreso total de 2.1 millones de hogares,17 y la dependencia es mayor entre los sectores más desfavorecidos: en los cuatro deciles con ingresos más bajos, cerca del 8 % de los hogares recibe remesas y éstas representan 30 % de su ingreso (Figura 2).

Son por tanto los hogares más pobres quienes más críticamente quedan expuestos a una contracción de las remesas—que, en su mayoría, se destinan a gastos relacionados con comida y vestido,18 pero también contribuyen a diversificar el ingreso del hogar. En 2016, por ejemplo, cerca de medio millón de hogares receptores de remesas operaban micronegocios cuyos giros más comunes incluyeron las tiendas de abarrotes, alimentos y bebidas, establecimientos de comida y la elaboración de alimentos procesados.19 Es previsible que estos sectores sean particularmente vulnerables a las medidas de confinamiento, privando a estos hogares de ingresos vitales.

Figura 2. La dependencia respecto a las remesas es más alta para los hogares pobres

Aunque las remesas representan un pequeño porcentaje del PIB de México (en Honduras significan 20 % del PIB; en Haití, 33 %),20 buena parte de la vida cotidiana de muchos de los hogares más desfavorecidos en México depende de estas transferencias. México, al igual que otros países, deberá enfrentar las consecuencias migratorias de la disminución de remesas también hacia Centroamérica, pues éstas son el tercer flujo financiero más importante del mundo.21

Crisis como la pandemia actual evidencian la precariedad de los trabajadores que las envían y las vulnerabilidades de las economías y los hogares receptores que dependen de ellas. La coyuntura ofrece, sin embargo, una oportunidad para exigir e impulsar más y mejores mecanismos de protección a los trabajadores migrantes. Ello no sólo traerá beneficios evidentes a las comunidades migrantes, sino también a las economías tanto de los países expulsores como de los países de acogida que—como ha quedado visibilizado en Estados Unidos y Europa—dependen esencialmente de esa mano de obra. 

 

Marcela Valdivia Correa
Consultora en políticas migratorias y de desarrollo internacional (El Colegio de México/Universidad de Georgetown).


1 Univisión, “Entre lágrimas, hispano cuenta cómo su amigo falleció por coronavirus al no ir a un hospital por miedo al ser inmigrante”, Miami, Noticiero Univisión, 9 de abril de 2020.

2 Fernando Riosmena, Randall Kuhn y Warren Jochem, “Explaining the Immigrant Health Advantage: Self-selection and Protection in Health-Related Factors Among Five Major National-Origin Immigrant Groups in the United States”, Demography 54(2017), pp. 175-200.

3 Análisis de datos obtenidos del U.S. Census Bureau 2018 (American Community Survey).

4 El 35 % de la población mexicana presenta obesidad versus el 30 % de la población no hispana; para la diabetes, las proporciones son 13 y 9 % (National Health Interview Survey 2018).

5 Los trabajadores agrícolas, por ejemplo, no sólo utilizan medios de transporte que suelen estar hacinados, sino que una vez en los campos, tienen pocas posibilidades de practicar medidas de distanciamiento (Marcela Celorio, “Op-Ed: California’s farm workers desperately need PPE and coronavirus tests”, Los Angeles Times, 14 de abril de 2020).

6 OCDE, Indicators of Immigrant Integration: Settling In, París, OCDE, 2018.

7 La regla final sobre la inadmisibilidad por causal de carga pública establece que “Continúa siendo la política de inmigración de Estados Unidos que-los extranjeros dentro de las fronteras de la Nación no dependan de los recursos públicos para satisfacer sus necesidades, sino que dependan de sus propias capacidades y los recursos de sus familias, sus patrocinadores y organizaciones privadas”. (Véase U.S. Citizenship and Immigration Services, “Cambios Propuestos a la Causal de Inadmisibilidad por Carga Pública”, Archivo, 24 de febrero de 2020).

8 Miriam Jordan, “’We’re Petrified’: Immigrants Afraid to Seek Medical Care for Coronavirus”, The New York Times, 18 de marzo de 2020.

9 Jeffrey Mays y Andy Newman, “Virus Is Twice as Deadly for Black and Latino People Than Whites in N.Y.C.”, The New York Times, 8 de abril de 2020.

10 Departamento de Trabajo de Estados Unidos (Oficina de Estadísticas Laborales), “The Employment Situation -March 2020”, News Release, 3 de abril de 2020.

11 Lisa Christensen, Undocumented Immigrants’ State and Local Tax Contributions, Washington DC, Institute on Taxation and Economic Policy, marzo de 2017.

12 Datos del Banco de México.

13 Juan José Li Ng y Carlos Serrano, “Las remesas a México podrían caer 17 % en 2020 y recuperarse entre 2023 y 2028 debido a la crisis económica por Covid-19”, Observatorio Migración México, 1 de abril de 2020.

14 Michael O’Boyle, Samy Adghirni y Patrick Gillespie, “Latin America Isn’t Ready for the Virus Onslaught Headed its Way”, Bloomberg, 20 de marzo de 2020.

15 Paola Pereznieto, The case of Mexico’s 1995 Peso Crisis and Argentina’s 2002 Convertibility Crisis, ODI/UNICEF, Social and Economic Policy Working Paper, Nueva York, UNICEF, 2010.

16 Datos del Banco de México.

17 INEGI, Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2018, consultado el 9 de abril de 2020.

18 BBVA, Anuario de Migración y Remesas 2017, Mexico, BBVA/Secretaría de Gobernación/Consejo Nacional de Población y Vivienda, Junio de 2017.

19 BBVA, Anuario de Migración y Remesas 2018, Mexico, BBVA/Secretaría de Gobernación/Consejo Nacional de Población y Vivienda, Julio de 2018.

20 Datos del 2018 obtenidos del Banco Mundial.

21 Banco Mundial, “Record High Remittances Sent Globally in 2018”, Washington DC, Press Release, 8 de abril de 2019.


Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.