Ser persona refugiada LGBTTTI+ en México: la desprotección y la desilusión

Cristina1 nos cuenta su experiencia en una estación migratoria en el sur de México y uno de los comentarios transfóbicos que escuchó ahí resonó en nuestros oídos: “las trans violan nuestros niños”. Siendo una mujer trans de origen centroamericano, Cristina huyó debido a los contextos de violencia estructural en su país de origen, en donde la transfobia y homofobia abundan, nutridas por una sociedad saqueada por las empresas transnacionales, golpeada por los efectos del cambio climático y en constante lucha contra la pobreza.

En el espacio íntimo en el que nos encontramos, hay cuatro refugiadas —dos mujeres lesbianas y dos mujeres trans, todas de origen centroamericano—, un puñado de representantes de la sociedad civil y la activista hondureña Bianka Rodríguez, ganadora del prestigioso Premio Nansen patrocinado por el ACNUR. Aunque estuvimos en un espacio seguro de reflexión y encuentro, la conversación rápidamente se convierte en un recordatorio de la gravedad de la situación que afrontan las personas refugiadas LGBTTTI+ en México.

Ilustración: Izak Peón

Alejandra huyó de su país de origen con su novia, después de haber sufrido amenazas y discriminación homofóbica. Al llegar a México, se toparon con nuevos agresores, uno que vivía en el mismo albergue en donde se quedaba Alejandra y que la amenazó constantemente, diciéndole en algún momento que la iba a convertir en una “mujer verdadera”. A partir de ese momento, Alejandra sufre ataques de pánico, depresión y sentimientos debilitadores de resignación. “Me da miedo pedir ayuda, hablar”, nos cuenta. “Tardé mucho en comentar lo que he vivido”. Aunque intentó denunciar al agresor, la institución donde registró la denuncia perdió sus documentos. “No sabes dónde vas a encontrar a tu persecutor”, dice, mirando por las ventanas como si incluso en este espacio lleno de representantes de la sociedad civil no estuviese completamente segura.

Andrea, mujer trans, comenta que no sale de noche, por miedo: “tengo que aguantarme, no hay ningún apoyo”. Su aislación ha afectado su capacidad de buscar un trabajo, de conocer la ciudad, de participar en el mosaico diverso y cosmopolita de la CDMX.

Aunque todas las participantes contaron con la condición de refugiadas con permiso de trabajo en México, los obstáculos para su integración laboral y afectiva abundan. La dificultad de encontrar un empleo obligó a algunas a ejercer el trabajo sexual como modo de supervivencia, labor particularmente peligrosa en México donde las(os) trabajadoras(es) sexuales no solamente no reciben ningún apoyo del Estado, sino que lo confrontan constantemente,2 además de las confrontaciones que tienen con los grupos delictivos y el crimen organizado, que a veces les obligan a participar en las redes de crimen.

Para algunas, en algún momento México representó un espacio que podría ser más seguro que su país de origen. Sin embargo, la relativa progresividad de las leyes de algunas entidades federativas de la República no se manifiesta para ellas. En las palabras de Cristina: “desde el primer momento [en México] fue horrible”. Lo que nadie les había contado fue que ser LGBTTTI+ en México es más fácil si eres rico(a), con educación superior, blanco(a) y si aceptas las normas de belleza y expresión de género y sexualidad que la sociedad mexicana demanda. Si no, el sueño de noches lánguidas en la Zona Rosa es pura ilusión. “[Están] obligadas a vivir en las zonas periféricas que por lo general son un poco más económicas, pero son lugares en donde las personas LGBTTTI+ se pueden encontrar en situaciones de mayor vulnerabilidad, mayor violencia, mayor discriminación”, me comentaron representantes de Fundación Arcoíris, OSC que antes trabajaba con la comunidad migrante.

Aunque ser Persona Refugiada (PR) en México es de entrada muy difícil,3 ser PR LGBTTTI+ implica otra serie de complicaciones y una desprotección estructural que les prohíbe gozar de muchos de los avances legislativos en materia de derechos LGBTTTI+ en México y en particular en la Ciudad de México.

Respecto a la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político (LRPCAP) que rige el sistema de refugio mexicano, las brechas entre la ley y la práctica representan desafíos enormes para las PR, aún más para las personas de la diversidad sexual. Estas brechas no son inocuas o meramente “esas cosillas que pasan en México”; degradan física y psicológicamente a esas personas, facilitando la “muerte lenta”, término acuñado por la académica estadounidense Lauren Berlant que se refiere al “deterioro de una población que representa una condición definitoria de su experiencia y existencia histórica”.4

Aunque la LRPCAP garantiza el acceso a “ejercer el derecho al trabajo, pudiéndose dedicar a cualquier actividad, siempre que sea lícita”,5 la falta de acceso real al trabajo formal debido a la discriminación, la necesidad de pasar una mañana entera en las colas de la Comar (Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados) cada semana para firmar, retrocesos en el proceso de resolución6 y el desconocimiento sobre el derecho de las PR a trabajar, obligan a muchas personas LGBTTTI+ a involucrarse en el mercado ilícito, sobre todo el trabajo sexual.

Además, abundan incidentes de discriminación y violencia por parte de oficiales mexicanos, la comunidad refugiada y la sociedad mexicana; los espacios públicos, institucionales y laborales se convierten en posibles sitios de acoso, rechazo, violencia o violación. En un estudio sobre personas refugiadas LGBTTTI+, Alicia Winton encontró que México no representaba un lugar más seguro que su lugar de origen para la mayoría de los entrevistados.7 Por su parte, el ACNUR ha reportado que dos terceras partes de las personas LGBTTTI+ dijeron haber sufrido un acto de violencia o discriminación debido a su expresión de género u orientación sexual.8

Por falta de integración económica y por incidentes de inseguridad, para muchas México no representa un país de refugio. ACNUR tiene dentro de sus posibles soluciones duraderas el reasentamiento si los casos no encuentran las condiciones de establecimiento en el país donde se encuentran. En estos casos, los cuales son frecuentes para las PR LGBTTTI+ que se encuentran en México, se facilita un traslado a países tales como Estados Unidos, Canadá y a veces países europeos. En palabras de Sofía Comadurán, colaboradora de Programa Casa Refugiados, OSC que brinda apoyo a la población refugiada en la CDMX: “Considerando todas las dificultades que [una persona refugiada LGBTTTI+] tiene que pasar durante su proceso de integración se va a enfrentar inclusive a dificultades más grandes que las que pasó, o por las cuales ha salido de su país… ni en la CDMX ni en la República hemos tenido casos de éxito… hemos tenido uno u otro caso que siguen aquí, pero les ha ido así de espantoso”.

Otro elemento de discriminación radica en que las personas trans no pueden usar su nombre social en los documentos migratorios expedidos por México, obligándoles a listar su nombre jurídico y su sexo de nacimiento, ningunos de los cuales corresponden con su identidad o aspecto físico. Lejos de ser un lugar de refugio, México les obliga a revivir el trauma de tener que ocultar o modificar su expresión de género para sobrevivir. De acuerdo con Elba Coria de la Clínica Jurídica para Refugiados Alaide Foppa: “Una persona que huye de su país por su identidad de género, resulta que aun cuando sea reconocida como refugiada no es reconocida oficialmente en sus documentos migratorios de conformidad con esta identidad de género…ni en lo más básico de lo que debería implicar la protección por persecución motivada en su identidad.”

En cuanto al alojamiento, solo hay un puñado de lugares en México que ofrecen refugio a personas LGBTTTI+: uno en Tabasco, tres en la CDMX y uno en Tijuana. Sin embargo, salvo el último, no son especializados para la comunidad LGBTTTI+ y suele haber solo un cuarto o módulo para la comunidad; aunque algunos proporcionan asistencia psicológica y médica, por los pocos fondos que tienen, cuentan con poco espacio y no proveen alojamiento y asistencia a lo largo plazo, ni para personas LGBTTTI+ ni para la población refugiada en general.

Imagen falsa de solidaridad

Un comentario de Cristina destaca durante el conversatorio: “¿Por qué México dice que está abierto a migrantes LGBTI[sic] pero ni siquiera hay un espacio [para la comunidad]?”. La desilusión vivida por Cristina al llegar a México —país supuestamente abierto a la movilidad humana y líder en diversas negociaciones internacionales alrededor de la misma–9 le ha causado ansiedad y depresión. Además de la violencia directa, hay otra forma de discriminación que duele más que las otras: la discriminación silenciosa, porque nunca se sabe si es por ser LGBTTTI+, por ser extranjera, por cómo se puso el maquillaje aquel día, por la manera de hablar, por el aspecto físico, por la personalidad. “Lo peor es que a veces no te rechazan de manera directa”, dice Cristina.

En el conversatorio hablamos de la resistencia también. Alejandra propuso que metiésemos agentes encubiertosen los albergues para detectar actos de discriminación, propuesta que se encontró con risas de apoyo por las otras. Bianka recomendó asistencia psicológica particular, un mejor sistema de rendición de cuentas y redes de auto apoyo. Aunque salimos con buenas ideas, también reconocimos que necesitamos una sociedad dispuesta a combatir sus prejuicios, un gobierno que cumpla con sus promesas, y una mejor colaboración entre la comunidad LGBTTTI+ local y la extranjera.

Bianka nos dejó con unas palabras sencillas pero potentes: “La historia es contada en el silencio de las personas LGBTTTI+”. Las historias de Alejandra, Cristina, Andrea y muchas más, revelan las fronteras de la generosidad de la sociedad mexicana, el lugar hasta dónde llega la empatía. También representan un punto de partida, desde dónde podemos empezar a reflexionar y construir un sistema de refugio y una sociedad en general en que la empatía trasciende las fronteras, en que la inclusión previene la desprotección. Una sociedad que permite la construcción de una nueva vida y no la desilusión y el revivir de los traumas de los que se huyó. Si “la historia es contada en el silencio de las personas LGBTTTI+”, el futuro será contado con su liberación.

 

Alexander Voisine
Becario Fulbright García-Robles, maestrante en el Programa de Estudios en Relaciones Internacionales de la UNAM, licenciado en Estudios Globales y Letras Hispánicas por Temple University.


Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


1 Se utilizan seudónimos de todas las personas entrevistadas para asegurar la confidencialidad del testimonio.

2 Macedo, J. V. M. (2019). Being a Sex Worker and Migrant in Times of Trafficking: Experiences from the Mexico (Chiapas)–Guatemala Border. Victims & Offenders, 15 (3), 313–329. doi: 10.1080/15564886.2019.1697979.

3 Meyer, M. y Isaacson, A. (2019). The Wall Before the Wall: Mexico’s Crackdown on Migration at its Southern Border. Washington Office on Latin America.

4 Berlant, L. (2007). “Slow Death (Sovereignty, Obesity, Lateral Agency)”, Critical Inquiry, 33(4), 754–780. doi: 10.1086/521568

5 Diario Oficial de la Federación. (2014). Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria, y Asilo Político. Artículo 15.

6 Asylum Access México. (2020). “Cifras nuevas de la Comar demuestran que hay más de 13.000 solicitantes de asilo esperando decisiones desde 2018”.

7 Winton, A. (2016). Entre fronteras: un estudio exploratorio sobre diversidad sexual y movilidad en la frontera sur de México. Tapachula, Chiapas: Una Mano Amiga en la Lucha contra la SIDA, A. C.; ACNUR; ECOSUR.

8 Amnistía Internacional (2017). No safe place: Salvadoran, Guatemalans and Hondurans seeking asylum in Mexico based on their sexual orientation or gender identity, 27 pp.

9 Gómez Camacho, J. y de la Mora Salcedo, F. (2019). México ante el Pacto Mundial para la Migración. Centro de Investigaciones Económicas Programa Interdisciplinario en Estudios Migratorios: México.