Pandemia y movilidad: el dilema de las parejas binacionales

En marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaró a la covid-19 una pandemia.1 El crecimiento incesante de casos, su pronunciada amenaza y la futura propagación mundial alertaron a la comunidad internacional para extremar las precauciones sanitarias y aplicar el máximo nivel de repuesta en distintos ámbitos. Con el propósito de enfrentar esta emergencia sanitaria, gran parte de los países adoptaron medidas urgentes y agresivas para contener y modificar su curso.

Hasta el día de hoy las respuestas para detener el coronavirus han alcanzado a todo el planeta alterando la vida de la mayoría de la población. Los gobiernos nacionales, en distintos grados de acción, han tomado como principal medida de contención el distanciamiento social, lo cual se ha traducido en una alteración sustancial de la movilidad global. Las restricciones en viajes internacionales, el cierre total o parcial de fronteras y el manejo de lineamientos asociados a una política migratoria ad hoc a las condiciones sanitarias de cada país están definiendo en gran medida la dinámica de la nueva situación de la movilidad humana, centrada en favorecer la inmovilidad.

Ilustración: Kathia Recio

En este contexto, además de las profundas transformaciones sociales y económicas que ocurren y devendrán con el paso del tiempo, la migración será, en definitiva, un tema crucial por sus efectos sobre la población “que se mueve”. Lo que representa un panorama complejo y difícil de situar en las futuras políticas migratorias que cada país defina en torno a la pandemia y en el contexto post pandémico.

En el corto y mediano plazo los Estados definirán, según sus propias características contextuales y condiciones sanitarias, diversas restricciones de entrada y salida allende de sus fronteras. La nacionalidad, entonces, adquiere un sentido asociado a la condición en que el país o países de origen han dado respuesta a la pandemia. En estricto sentido, en un contexto donde predomina la inmovilidad, debido en gran parte a las restricciones de ingreso a los países, aventurarse a migrar conlleva una marca vinculada al país de origen del migrante y la percepción sanitaria que tenga de éste el país receptor. Esta percepción del riesgo sanitario de las naciones sobre la población que se mueve ha promovido el uso del término “pasaporte sanitario”, que alude a una necesidad creciente de evaluar el riesgo de ingreso mediante indicadores de salud de las personas en movilidad con el propósito de limitar el acceso a ciertos espacios, lo cual se ha vuelto recurrente en distintas latitudes.2

Moverse más allá de las fronteras nacionales implica una situación compleja durante la pandemia. Los migrantes internacionales se encuentran en estado de excepción, según el país en el que se encuentran, o bien en una situación de desprotección y vulnerabilidad. Los indocumentados y las personas varadas sufren discriminación y se encuentran en un grado alto de indefensión respecto a sus derechos. Como ejemplo de lo anterior, Estados Unidos ha mantenido las deportaciones y expulsiones en medio de la crisis de salud global y no ha disuadido esta estrategia aún en la situación de emergencia.3

Un elemento que ha tenido poca atención y que se ha visto afectado drásticamente por las restricciones a la movilidad es la vida en pareja cuando los cónyuges son de distinta nacionalidad. En este contexto de incertidumbre, además de las problemáticas más acuciantes que ha desencadenado la pandemia, las dinámicas de pareja, las relaciones amorosas y las emociones se han visto alteradas, sobre todo para las parejas binacionales.

Las parejas binacionales o mixtas aluden a las relaciones afectivas constituidas por un cónyuge nativo y uno extranjero, sean resultado de uniones consensuales o legales. Antes de la pandemia, diversos países mantenían condicionamientos que resultaban en restricciones para llevar a cabo uniones legales entre un ciudadano y un extranjero, principalmente en países europeos y los Estados Unidos. La idea subyacente a estas restricciones es que algunas de las uniones o matrimonios más que representar alianzas por amor podrían llevarse a cabo por conveniencia, en las cuales se negocia y se mercantiliza la nacionalidad o la residencia en estos países.

En tiempos de pandemia, las parejas binacionales, que por algún motivo se encuentran residiendo en países diferentes, se han visto afectadas frente a los nuevos lineamientos y las restricciones para la reunificación con la pareja o la familia. Si bien las disposiciones giran en torno a la salud y a la seguridad para evitar contagios, es evidente que la injerencia del Estado decreta en gran medida aspectos personales, íntimos y emocionales de las parejas que se distinguen por tener una nacionalidad diferente.

En el universo de las posibles combinaciones de parejas asociadas a nacionalidades particulares, las formas de apropiación y construcción de las parejas respecto a la gobernanza migratoria pueden ser positivas o negativas. Las formas positivas se reflejan en el acceso a derechos que impone la ciudadanía o la residencia de manera intrínseca, derechos que adquiere el o la cónyuge extranjero(a) vía el matrimonio legal. Las formas negativas, por su parte, se caracterizan por las restricciones que imponen los Estados para la sanción legal de las uniones, en las que la nacionalidad es crucial. Las parejas rechazan o se manifiestan contra las limitantes exigidas por los lineamientos migratorios particulares.

Un movimiento que condensa la problemática que han enfrentado las parejas binacionales históricamente, y que se ha exacerbado durante la pandemia, es la manifestación en la internet de grupos y organizaciones de parejas binacionales. Mediante las etiquetas: #LoveIsNotTourism y #LoveIsEssential parejas binacionales en distintos países han exteriorizado su malestar e intentan visibilizar las problemáticas derivadas de las restricciones de viaje y de las limitantes migratorias impuestas por los Estados que afectan sus dinámicas conyugales y familiares.

Estos movimientos se concretaron en páginas oficiales electrónicas4 y bajo los lemas: “Lo único que queremos es poder estar con los que amamos” y “El amor no es turismo” se exhorta a los gobiernos a modificar las directrices migratorias en favor de la reunificación o la flexibilidad para que aquellas parejas que se encontraban residiendo en distintos contextos al inicio de la pandemia se reencuentren, al considerar que son familias y que deben estar unidas para afrontar estos tiempos adversos.

El trasfondo de estos movimientos exhibe tres cuestiones esenciales a las que se han enfrentado las parejas binacionales, pero que se han agudizado en tiempos de pandemia en los que las viejas problemáticas se están agravando. Primero, los mecanismos que imponen los Estados para la consolidación legal de las parejas binacionales a través de los cuales se pide demostrar a las autoridades que el amor es verdadero. Segundo, los lineamientos selectivos y diferenciados según la nacionalidad para poder consolidar legalmente una unión. Los escrutinios son más rigurosos y de manera discrecional por los agentes migratorios según la nacionalidad de los solicitantes, considerando ciertas nacionalidades como sospechosas o peligrosas para la sociedad receptora.5 Tercero, ponderar sobre lo institucional y burocrático el deseo y el amor de las parejas para estar juntos. Las formalidades de inmigración se han vuelto mecanismos de disuasión estatal con miras a controlar las acciones íntimas de las parejas, y resulta necesario reorientar esa postura y aminorar los lineamientos migratorios en beneficio de las personas involucradas. La pandemia desencadenará como otro posible elemento problemático los nuevos lineamientos y requisitos sanitarios a los que deberán ceñirse las parejas binacionales en el futuro si quisieran reencontrarse o moverse, lo que se sumará a las exigencias ya existentes complejizando aun más la movilidad entre cónyuges y las dinámicas de pareja.

Ante esto, se torna necesario desarrollar una mejor comprensión de las problemáticas que se agravan en la pandemia. Esta situación de emergencia debe fungir como revulsivo para mejorar en muchos aspectos. Las parejas binacionales son, de alguna forma, el reflejo de que es posible compartir y traspasar de maneras personales las fronteras. Son un ejemplo de la mixtura cultural en donde se desarrolla la empatía y la tolerancia. La conquista de los derechos y las libertades debe superar los límites y las restricciones marcadas por las fronteras políticas.

 

José Franco Aguilar
Doctor en Antropología, actualmente investigador posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


1 Ver aquí.

2 En Chile por ejemplo, el pasaporte sanitario debe presentarse en las aduanas sanitarias y señala el nivel de riesgo de la persona en movilidad. En la ciudad de Cali, Colombia se expide un pasaporte sanitario el cual evalúa el riesgo de las personas en distintos ámbitos que retoman actividades. Asimismo, se ha realizado una prueba de viaje de turismo con pasajeros en constante monitoreo por una aplicación sanitaria denominada Hi+Card, en la que la Organización Mundial del Turismo piensa como estrategia para reactivar el sector.

3 Ver aquí.

4 Los sitios web pueden consultarse aquí y aquí.

5 En: Anzil, V., Roca Girona, J., y Yzusqui, R. (2016). 538. “Amores en el registro. Mecanismos institucionales de gestión del ‘amor verdadero’ en los matrimonios binacionales”, Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, 20. doi:https://doi.org/10.1344/sn2016.20.16792