“No es país para viejos”: la inserción laboral de los migrantes españoles en CDMX

A raíz de la crisis económica de 2008, España experimentó un cambio de ciclo migratorio. Desde entonces, se produjo un repunte de la emigración de españoles hacia otros países, reactivando circuitos migratorios que llevaban tiempo casi paralizados. Esto, debido a que desde inicios de la década de 1990 y ante una situación de crecimiento económico sostenido, eran pocos los españoles que emigraban.

En esa época, España pasó de ser un país predominantemente emigratorio a ser uno de los principales receptores de población a nivel global, especialmente en los 2000, momento en que experimentó el denominado boom inmigratorio. Para 2009, casi un 14 % de la población total eran extranjeros —unos 6.5 millones, por algo más de 40 millones de españoles, según el Instituto Nacional de Estadística—.

No obstante, con el colapso de la economía española tras la crisis, esta tendencia cambió notablemente: los españoles volvieron a emigrar (en números bastante notorios, aunque no masivos), los inmigrantes y sus descendientes comenzaron a retornar a sus países de origen o reemigrar a terceros, y la inmigración se frenó sustantivamente. Para el periodo posterior a 2010 se paraliza el crecimiento de la inmigración, observándose incluso años con un saldo migratorio negativo, algo impensable en el pasado reciente.

La atención entonces se giró hacia esta “nueva emigración española”: cuántos son, a dónde van, cuáles son sus perfiles, y toda una serie de intereses en torno a las características de estos nuevos flujos migratorios. Sin embargo, no se pretende aquí ofrecer una mirada centrada en la medición de estos movimientos migratorios; lo que nos interesa es hablar sobre qué experimentan estos sujetos tras su arribo a las ciudades de destino, y cómo reorganizan sus vidas en estos lugares.

Por un lado, están quienes decidieron desplazarse a otros países europeos, aprovechando las facilidades y beneficios de ser miembros de la Unión Europea (UE), con su política de libre circulación de ciudadanos. Además, la cercanía geográfica y el bajo costo de estos desplazamientos suponen una suerte de incentivo extra. Estas son algunas de las características del sistema migratorio de la UE, mismas que favorecen la circularidad de los migrantes entre estos países.

Por otro lado, tenemos a quienes decidieron emigrar fuera de Europa, con los países latinoamericanos como destinos altamente reactivados, con características muy particulares. Es aquí donde México, y más concretamente la Ciudad de México (CDMX) entran en escena.

Ilustración: Víctor Solís

Cualquiera que viva en esta megalópolis habrá podido observar cómo en la última década la presencia de españoles en sus calles ha ido en aumento. No obstante, la existencia de una comunidad española en la ciudad tiene una larga historia, y una relación arraigada entre ambas partes. Esto hace de CDMX un contexto de recepción particular para los migrantes españoles. Debido a los vínculos históricos entre ambos países, la relación migratoria entre España y México es casi tan larga como el analista desee. Sin embargo, es la época de Lázaro Cárdenas y la llegada de los exiliados republicanos en la que la comunidad de migrantes españoles en México adquiere un sentido especial.

Llegados a este punto, se pone el foco sobre la migración contemporánea de españoles a México, y más concretamente a CDMX. En específico, se pone el énfasis sobre cómo los migrantes españoles se insertan en el mercado de trabajo citadino. Al respecto, hay una serie de particularidades propias del caso, ya que pese a tratarse fundamentalmente de una migración de corte económico-laboral, la direccionalidad de sus flujos los caracteriza como Norte-Sur. Esto resulta relevante al analizar ciertas dinámicas relativas a la inserción de los españoles en el mercado de trabajo de CDMX.

Para realizar el análisis, se parte de que todos los entrevistados al respecto comparten una serie de características que ayudan a comprender la inserción laboral de los migrantes, tales como contar con formación superior o profesional, contar con experiencia laboral en la ciudad y compartir un mismo contexto de salida —ciudades españolas después de la crisis económica de 2008—. A partir de ahí, se identifican dos factores que marcan las diferencias en la experiencia de estos sujetos en el mercado de trabajo de CDMX: la edad de arribo y el tiempo de exposición —esto es, el tiempo que llevan en la ciudad—.

Cabe destacar que no se habla aquí sobre los denominados “expatriados”, trabajadores de empresas multinacionales que, al ser enviados por las empresas para las que trabajan en España, arriban a México con unas condiciones muy favorables y mantienen, e incluso mejoran, sus condiciones de allá.

De esta manera, la pregunta que ronda este trabajo es: ¿cómo influye la edad y el momento del curso de vida en que se encuentran los migrantes sobre su inserción laboral en CDMX?

A grandes rasgos, los migrantes más jóvenes tienden a insertarse en el mercado de trabajo capitalino de manera más favorable que quienes cuentan con mayor edad, independientemente de otros factores relevantes para analizar la incorporación de estos sujetos al mercado de trabajo (como experiencia laboral, formación y redes).

En ese sentido, si bien la experiencia laboral representa un factor clave para la inserción al mercado de trabajo en cualquier contexto, para los españoles que migran jóvenes no aparece como un requisito. De hecho, son varios los que inician su vida laboral tras arribar a CDMX, o lo hacen con una mínima experiencia, y esto no se convierte en una desventaja para encontrar empleos acordes a su formación y de cierta responsabilidad y prestigio.

Mientras, para los migrantes más mayores, la experiencia laboral se convierte en una suerte de requisito indispensable para insertarse favorablemente en el mercado de trabajo de CDMX. Si no arriban con una trayectoria laboral amplia y con puestos de relevancia en su haber, les resulta mucho más complicado que a los jóvenes encontrar un buen empleo en la ciudad. Esta tendencia se acrecienta a medida que los migrantes cuentan con mayor edad.

Podría pensarse en cómo la formación puede influir sobre este proceso, pero no se aprecian diferencias relevantes en función del ámbito o sector profesional. Lo que sí se observa es una valoración positiva de la “formación europea” con la que cuentan estos sujetos. Aunque ello no difiere en función de la edad, pues todos cuentan con este recurso, la valoración sí es diferente a medida que se trata de migrantes en etapas vitales más tardías.

Otro factor crucial para comprender la inserción laboral de los migrantes españoles en CDMX son las redes sociales con las que cuentan, un recurso fundamental para acceder a empleos en el mercado capitalino. Al respecto, no se aprecian demasiadas diferencias en función de la edad de arribo, aunque los más mayores cuentan con más redes de tipo sociofamiliar que los jóvenes, quienes suelen contar sólo con redes sociolaborales (los mayores, a menudo, cuentan con ambos tipos de redes, que a veces incluso se solapan).

Algo que podría explicar estas distintas experiencias es la valoración de cuestiones relacionadas con contar o no con responsabilidades familiares, lo que se relaciona con la libertad de horarios y la disponibilidad de los trabajadores. En un mercado como el de CDMX, donde las jornadas son largas y los desplazamientos amplían aún más el tiempo dedicado a la vida laboral, la flexibilidad de los trabajadores en cuanto a la organización de sus tiempos es algo valorado por los empleadores. Así, mientras los más jóvenes a menudo cuentan con menos cargas y responsabilidades familiares, la situación de los más mayores es otra, propia del momento del curso de vida en que se encuentran. Este podría ser uno de los mecanismos que hacen que los jóvenes experimenten inserciones más favorables al mercado laboral.

Otro aspecto a destacar son las prestaciones que reciben. Disponer de un sistema de salud o una educación pública de menor calidad que la española —país caracterizado por contar con un Estado de bienestar fuerte— se torna una preocupación central. Esto varía sustantivamente entre los migrantes más jóvenes y los más mayores, y se relaciona con el momento biográfico en que se encuentran. Las preocupaciones en torno a la salud o la educación de sus hijos están mucho más presentes entre los sujetos de mayor edad. Y todo esto influye en su inserción laboral.

Así, a modo de cierre se puede señalar que los migrantes españoles en CDMX se insertan al mercado laboral de forma diferenciada en función del momento vital en que se encuentran, siendo más favorable para los más jóvenes, y más complicado a medida que cuentan con mayor edad. Esto se relaciona con la distinta valoración que reciben recursos como la experiencia laboral o la formación según la edad de estos sujetos; pero también con cuestiones como la percepción que ellos tienen sobre ciertas condiciones propias del mercado de trabajo de CDMX.

Por todo ello, y retomando las palabras de Amparo (madrileña de 56 años radicada en CDMX desde 2014) durante una entrevista realizada en marzo de 2019, se puede afirmar que, efectivamente: “México no es país para viejos”.

 

Alfonso Ruiz Núñez
Estudiante del doctorado en Ciencia Social con especialidad en Sociología en El Colegio de México

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


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