Crisis climática y migración centroamericana

La crisis climática ya está afectando a México y a Centroamérica. Esta temporada seca casi se acaba el agua de las presas en nuestro país y, durante la temporada de lluvias, huracanes más fuertes y frecuentes azotaron sus casas. Las inundaciones en Tula han forzado a cientos de personas a dejar sus viviendas y catorce personas murieron cuando el hospital se inundó. El huracán Nora dejó 685 millones de pesos en daños en Jalisco. Eventos climáticos como estos serán cada vez más frecuentes y extremos si los países no hacen nada para mitigar el aumento de la temperatura global.

Ilustración: Estelí Meza

Centroamérica también está sufriendo los efectos de la crisis climática y sus efectos en los patrones migratorios de la región son evidentes. Este verano, mientras hacíamos voluntariado y trabajo de campo en un albergue para personas migrantes en la región centro de México, tuvimos la oportunidad de hablar con cientos de personas que pasaban a diario en su camino a Estados Unidos. Cuando hacíamos el cuestionario de entrada al albergue, la mayoría de las personas migrantes nos contaban que eran campesinos y que habían salido por primera vez de su país por pobreza. Nos sorprendió que había mucha menos gente de las ciudades y que eran pocos quienes decían que su principal razón para salir era la violencia directa o generalizada.

Realizando entrevistas a profundidad con las personas migrantes, nos dimos cuenta de que, cuando alguien decía que era del campo y que había salido por pobreza, casi siempre se volvía evidente que la zona donde vivía y trabajaba había sido afectada por la crisis climática. Juan nos contó que, en su pueblo en Honduras, cada año se secaba un laguito de manera natural y predecible. Cada temporada, desde que los papás de Juan se acuerdan, la gente plantaba sandías y otras verduras en la tierra rica y todavía húmeda del lago seco. Las sandías y el resto de las verduras crecían muy bien y muy grandes y nunca tenían hambre. Hasta podían vender algunas. Pero estos últimos años la temporada seca y la de lluvias no llegaron cuando debían. Éste, como cada año, todo el pueblo plantó sandías; sin embargo, durante la temporada de secas, llovió sorpresivamente y el lago se llenó, llevándose todo. Juan nos dijo con frustración que ya no pueden planear; que tienen hambre. La inestabilidad de las estaciones, las sequías largas y las lluvias impredecibles son eventos climáticos de evolución lenta que generan inseguridad alimenticia y laboral para miles de personas que dependen del campo para vivir. Muchas de las personas que entrevistamos decidieron salir por eso.

Otro grupo de personas salió por desastres climáticos extremos, como los huracanes Eta e Iota, que azotaron a Centroamérica a finales de 2020. 4.6 millones de personas resultaron afectadas, pueblos enteros se inundaron y miles de hectáreas de plantaciones fueron destruidas. Poco después de noviembre, las personas empezaron a salir de sus países hacia Estados Unidos. En julio de 2021, cuando hicimos trabajo de campo, todavía había personas migrantes que salían a consecuencia de las inundaciones. Sandra, una mujer hondureña que viajaba con su familia, nos contó que el huracán voló el techo de su casa mientras ellos estaban todavía dentro. Mientras la lluvia los empapaba, agarraron las poquitas cosas que pudieron cargar y se fueron a un albergue que había puesto el gobierno. Dice que cuando pasó la emergencia el gobierno no la ayudó a encontrar otro lugar para vivir ni a arreglar su casa. Decidieron irse con su mamá a vivir un rato. “Pero ya no puedo, voy a irme a Estados Unidos para ahorrar y comprarme una casita en otro lado. En cinco años yo creo que junto el dinero”.

Aunque en conversaciones más detalladas era evidente que muchas de las personas que habían salido de sus países en el último año lo habían hecho como consecuencia directa de eventos climáticos de evolución lenta y de desastres climáticos extremos, esto no era evidente en los formularios de entrada que les hacíamos llenar y en la forma en la que ellos expresaban su salida. De hecho, al principio de las entrevistas nos costaba incluso formular una pregunta sobre los efectos de la crisis climática en las vidas de las personas migrantes. En una de nuestras primeras entrevistas, platicando con Pedro, le dijimos que queríamos hablar del cambio climático en su país. Muy serio, Pedro nos contestó que “el clima en México y en Honduras es muy parecido, no he sentido la diferencia en el viaje”. Cuando nos dimos cuenta del malentendido, intentamos explicarle la pregunta de otras formas hasta que le quedó claro qué nos interesaba. Ya que nos pusimos de acuerdo, fue evidente que Pedro entendía cómo el cambio en las lluvias y las sequías lo afectaba personalmente y nos contó con detalle su historia. Sin embargo, nos constó entendernos porque no teníamos un marco de referencia común.

Muchos de los académicos, activistas y organizaciones de ayuda humanitaria todavía no nos dedicamos a observar, preguntar y sistematizar cómo los efectos de la crisis climática impactan las decisiones de las personas de salir de sus países. El cuestionario de ingreso del albergue, por ejemplo, tenía todas las pistas, pero no las unía. Viendo superficialmente los datos de entrada, la crisis climática como motivo de salida no está explícita. Hay que empezar a preguntar, registrar, observar, cuantificar y reportar este fenómeno que cada vez va a tener más impacto en las vidas de los habitantes de Centroamérica y México. Explicitar los eventos climáticos de evolución lenta (sequías anuales, clima impredecible, plagas) y los desastres extremos (huracanes) como factores que fuerzan la migración de personas de Centroamérica será esencial para demandar nuevas leyes de asilo y categorías de protección que las incluyan. Tenemos mucho trabajo por delante para lograr reconocer y proteger a los desplazados climáticos en México y en el mundo. Proponemos un primer paso: darle importancia a la crisis climática cada uno desde nuestra trinchera.

 

Alejandra Díaz de León
Profesora en el Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México

John Doering-White
Profesor en trabajo social y antropología en la Universidad de Carolina del Sur

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.