En los últimos días de agosto empezaron a circular videos en los puede observarse que agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) y de la Guardia Nacional (GN) intentaban frenar de forma violenta el paso a las personas migrantes que pretendían salir de Tapachula, Chiapas. Las personas en movilidad eran de origen haitiano y centroamericano, entre quienes había niñas, niños y adolescentes (NNA) que migraban en familia. Cabe destacar que, aunque los NNA migrantes han estado presentes en las migraciones, han pasado desapercibidos como sujetos sin derecho a decidir u opinar.

Ilustración: Daniela Martín del Campo
Algunos de los escenarios sociales de precarización y desigualdad que atañen a los NNA migrantes se pueden observar en las ciudades fronterizas de Mexicali y Tijuana, Baja California. En octubre de 2018, México presenció que la unión hace la fuerza cuando migrantes centroamericanos que salieron de Honduras y El Salvador lograron llegar a estas ciudades fronterizas. Valenzuela1 menciona que esta población se juntó para cuidarse, caminaron juntos para apoyarse contra violencias y agresiones. Y, aunque se reconoció el derecho a migrar, a la vez se activaron prejuicios y discursos racistas. La migración no siempre es voluntaria, las personas migran por una complejidad de factores entre los cuales destacan la precarización laboral, la pobreza extrema, las violencias locales e inseguridades y la búsqueda de una mejor calidad de vida; en su andar construyen redes de apoyo que les permiten acceder a una fuerza adicional: el compañerismo que les brinda la certeza de continuar con una travesía segura.
En el éxodo de 2018, así como los que se han manifestado en los últimos meses, ha habido NNA; por lo tanto, es imperante y pertinente reconocerlos como actores sociales, agentes con voz y que tienen algo que contar. Las infancias y juventudes poseen una forma de sentir y expresar su ruta migratoria; sin embargo, no han existido esfuerzos visibles por preguntarles al respecto. La mirada adultocéntrica que ha predominado en los medios de comunicación, y en la academia científica, da cuenta de la visión limitada que tenemos las personas adultas al dejar de lado las voces y testimonios de NNA migrantes al considerarlos seres incompletos. No se diga el papel que juegan los funcionarios públicos en las políticas migratorias.
Respecto al lugar que tienen los NNA migrantes en México, Alfredo Nateras menciona “que inundan los flujos migratorios/inmigratorios… es muy significativo, ya que se calcula que son un poco más de 40 % de los que están migrando y, además, lo hacen sin compañía de algún adulto, o incluso, sin familiares”. Se puede identificar la existencia de éxodos infanto-juveniles que tienen su propia forma de ver las cosas, de concebir sus realidades. Estas y estos actores tienen historias y narrativas que podrían compartir para tener un acercamiento del fenómeno migratorio desde sus vivencias. Se puede tener un acercamiento desde la perspectiva de los derechos humanos e identificar de qué forma se vulneran sus derechos, es evidente que falta la enunciación constante de los NNA como “sujetos de derecho”.2, 3
Durante el éxodo de migrantes de 2018, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señaló que 2300 menores de edad viajaban en la caravana, lo que equivale a casi el 33 % de la población que viajó durante cuarenta días para llegar a la frontera norte de México. Actualmente, Unicef señala que a inicios de este año “el número de [NNA] migrantes reportados en México ha aumentado considerablemente, pasando de 380 a casi 3500”. Entre los lugares de arribo de familias migrantes, los albergues fungen como espacios de resguardo. Los albergues en Tijuana y Mexicali continúan sin darse abasto, lo que ha prevalecido en todo México y a lo largo de los años. A pesar de las circunstancias siguen funcionando.
Es sabido que Tijuana representa un punto estratégico de cruce hacia Estados Unidos, mientras que Mexicali empieza a figurar en el mapa de la ruta migratoria. Ambas ciudades están rebasadas en sus espacios de atención para NNA migrantes, se enfrentan a diferentes retos y los han sobrellevado a partir de los recursos con los que cuentan a la mano. En Mexicali se encuentra el albergue “Posada del Migrante”, donde se atiende principalmente a mujeres y a NNA. Altagracia Tamayo, encargada del lugar, señaló en una conversación personal que durante el paso del éxodo de migrantes de 2018 no tenían un control de las entradas o salidas debido al flujo constante. Tamayo sólo estaba segura de que los NNA migrantes necesitaban atención médica y psicológica. Sin embargo, este panorama ha prevalecido desde antes y durante la pandemia. Actualmente, los NNA que habitan este espacio reciben apoyo de organizaciones internacionales que ofrecen servicios educativos. El panorama es similar en el albergue “Embajadores de Jesús”, en Tijuana, donde colabora el colectivo “Border Youth” brindando acceso a la educación en la medida de las posibilidades a partir del apoyo de voluntarias y voluntarios comprometidos socialmente y cuya fundadora, Andrea Rincón, ha puntualizado la emergencia social y la situación de vulnerabilidad en que se encuentran los NNA migrantes que han sido deportados, o bien, cuyas familias buscan protección humanitaria.
Por lo anterior, es importante reflexionar y sobre todo poner al centro a los NNA migrantes en la atención migratoria y en los derechos a los que son acreedores sin importar el lugar donde estén transitando o se asienten. Las infancias y juventudes migrantes dan cuenta de las brechas que faltan por analizar para generar políticas públicas, propuestas sociales y educativas en pro de esta población. Es indispensable pensar y trabajar por infancias y juventudes migrantes libres. Asimismo, es preciso que a los albergues se les apoye en la instalación de áreas socioeducativas que funjan como un espacio de recreación, de intercambio, de convivencia y de escucha. La educación es un derecho de todas y todos y, como tal, su acceso no debe ser cuestionado. Es indiscutible que las personas siguen y seguirán migrando sin importar las circunstancias sanitarias ocasionadas por la pandemia, ya que su objetivo es sobrevivir ante las imposiciones estructurales de sus lugares de origen. Niños, niñas y adolescentes seguirán siendo parte de ese tránsito, y es preciso elaborar análisis y políticas que les escuchen.
Porfiria del Rosario Bustamante de la Cruz
Candidata a doctora en Investigación Educativa por la Universidad Veracruzana. Sus temas de interés son infancias y juventudes migrantes, educación e interculturalidad. Docente de asignatura en la Universidad Autónoma de Baja California y en la Universidad Intercultural de Baja California.
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 Valenzuela, J. M. Caminos del éxodo humano. Las caravanas de migrantes centroamericanos, Gedisa, México, 2019.
2 Szulc, A., Colangelo, M. A., Shabel, P., Pía, M., Enriz, N., Hernández, M. C. “Al rescate de la niñez indígena. Reflexiones antropológicas a partir de una campaña de UNICEF Argentina”, Política y Sociedad, 53 (1), 2016, pp. 123-142.
3 Ortega, E. “Cuando los niños se vuelven migrantes: niñez detenida en México y dislocación del discurso de derechos humanos”, Norteamérica (14) 2, 2019, pp. 33-63.