Las experiencias de vida de millones de migrantes mexicanos en Estados Unidos son abordadas desde dos perspectivas principales. La primera explora los diferentes procesos, desde el inicio de los flujos migratorios a finales del siglo XIX hasta la etapa más reciente, caracterizada por amplios controles fronterizos, batallas por reformas migratorias y la centralidad de la seguridad nacional.1 A lo largo del análisis de estos procesos se han estudiado características de las poblaciones migrantes en lo relativo a su estatus migratorio, condiciones de cruce fronterizo, acceso a los mercados de trabajo, envío de remesas, experiencias de discriminación y el retorno a México.
La segunda perspectiva estudia los procesos de integración o incorporación de migrantes a las sociedades receptoras. En ésta se han presentado importantes debates relativos a los enfoques teóricos que resultaron en el abandono de enfoques asimilacionistas por una perspectiva más amplia basada en la multiculturalidad y diversidad sociales. Para este fin, se han explorado diversas dimensiones de integración como las condiciones socioeconómicas, y los patrones residenciales, lingüísticos y matrimoniales como medidas de aculturación migratoria.
Ante esto, una dimensión que permite reconciliar ambas perspectivas corresponde al estudio de los patrones de uso de tiempo. De acuerdo con Hamermesh y Trejo,2 la forma en que los migrantes distribuyen su tiempo en diversas actividades de la vida diaria refleja, de manera simultánea, el grado de integración con las sociedades receptoras y los mecanismos mediante los cuales se presentan estos procesos integradores.
Desde 2003, la Encuesta Estadunidense sobre Uso del Tiempo (ATUS, por sus siglas en inglés), brinda información sobre las actividades realizadas a lo largo de un día por personas residentes en Estados Unidos. Haciendo uso de la información de la ATUS mediante el sistema de consulta IPUMS3 es posible medir el tiempo que las personas dedican a actividades como el trabajo remunerado, cuidados, trabajo del hogar, esparcimiento, entre otras. De esta manera, al comparar el tiempo destinado a dichas actividades entre migrantes y poblaciones nativas, se obtiene un panorama general sobre la adopción de patrones de vida de la sociedad receptora.

Ilustración: Estelí Meza
Migrantes mexicanos: más trabajo, menos esparcimiento
La migración mexicana a Estados Unidos continúa siendo predominantemente laboral. Encuestas de flujos migratorios señalaban que, en el primer trimestre de 2020, el 86 % de las personas con destino a Estados Unidos indicaban causas laborales para emigrar.4 En consecuencia, no es de sorprender que, según información de la ATUS para 2019 —previo a la pandemia—, los migrantes mexicanos dediquen mayor número de horas al día al trabajo remunerado que otras poblaciones. Este es el caso para los varones, quienes promediaron 9 horas 20 minutos a esta actividad. Esta cifra es superior a la observada entre otras minorías en Estados Unidos, como los hispanos nacidos en dicho país (8 h 53 min), afrodescendientes (8 h 49 min), así como entre la población blanca no hispana (8 h 24 min).
En el caso de las migrantes mexicanas, quienes trabajan en promedio 7 h 30 min al día, no se observan diferencias significativas al ser comparadas con mujeres blancas no hispanas, ubicándose sólo por debajo de las mujeres afrodescendientes, quienes reportaron 8 horas de trabajo diario. A pesar de esto, la carga de trabajo doméstico no remunerado es significativamente mayor entre migrantes mexicanas (3 h 22 min) que para otras mujeres migrantes (2 h 44 min) y que otras mujeres nativas (2 h 36 min o menos). Entre los varones de todos los grupos identificados, el valor máximo en actividades del hogar fue de 2 h 6 min entre los nativos no hispanos. Esta dinámica señala la aún persistente diferenciación de actividades entre hombres y mujeres, que no sólo permanece tras la experiencia migratoria, sino que es observada entre los distintos grupos de la sociedad estadunidense.
Es posible estimar la carga global de trabajo sumando los tiempos de trabajo remunerado, trabajo del hogar, cuidados de miembros del hogar, preparación de alimentos y de las compras y trámites del hogar. De esta manera, los migrantes mexicanos reportaron 10 h 38 min de carga de trabajo, dos horas más que otros hombres migrantes, que son el grupo más cercano al valor de los mexicanos con 8 h 29 min. Por su parte, las migrantes mexicanas tenían una carga de trabajo equivalente a 8 h 18 min, valor menor al observado entre otras migrantes (9 h 50 min) y mujeres blancas no hispanas (8 h 52 min), pero mayor al de minorías nativas de Estados Unidos.
El tiempo requerido para las actividades de trabajo tiene un impacto directo en el tiempo disponible para el esparcimiento y actividades sociales. Este tipo de actividades son las que podrían promover los mecanismos para la integración a la sociedad estadunidense mediante el establecimiento de vínculos con otras personas migrantes y poblaciones nativas. Además, la información sobre estas actividades permite medir el grado de libertad percibida en la sociedad receptora, pues muestra la apertura a participar de las actividades propias del ocio. Los migrantes mexicanos, tanto hombres como mujeres, destinaban a actividades sociales y de esparcimiento 5 h 36 min y 5 h 43 min, respectivamente. En ambos casos, estos valores fueron mayores que el tiempo registrado por otras poblaciones migrantes, pero menor que el de los grupos nativos en Estados Unidos.
Uso de tiempo y covid-19
En 2020, la pandemia de SARS-CoV-2 cambió las actividades de la vida cotidiana de miles de millones de personas en el mundo. La vida de las poblaciones migrantes también se vio afectada. La población migrante mexicana reportó bajos niveles de teletrabajo durante la pandemia. Mientras que, en promedio, 24.3 % de hombres y 32.1 % de mujeres trabajadoras señalan haber trabajado de manera remota, estos porcentajes se reducen a 10 % y 16.4 % para hombres y mujeres mexicanos, respectivamente. A pesar de esto, la pandemia tuvo efectos diferenciados por género y grupo poblacional. Mientras que el teletrabajo se asoció con una reducción de 72 minutos de trabajo remunerado entre los migrantes mexicanos, no se observó cambio para las mujeres. Por el contrario, entre quienes no tuvieron acceso al teletrabajo, el tiempo trabajado aumentó en 4 minutos para los varones y 44 para las mujeres. Si se analiza la carga global de trabajo, entre 2019 y 2020 los migrantes mexicanos vieron reducciones en este indicador de 98 minutos, principalmente por disminución en las horas de trabajo. Por el contrario, las migrantes mexicanas incrementaron su carga de trabajo en 39 minutos, principalmente por la mayor demanda de cuidados a miembros del hogar y mayor carga de trabajo doméstico.
Destaco que la incorporación de información relativa al uso del tiempo puede ser empleada en más estudios sobre migración y los procesos de integración de las poblaciones migrantes. Análisis más detallados pueden brindar elementos relevantes para el desarrollo de políticas y programas de asistencia a los millones de mexicanos en Estados Unidos al permitir identificar la forma en que viven su vida diaria y el impacto de los patrones de uso de tiempo en dimensiones como la salud, el bienestar subjetivo y otros de interés.
Mauricio Rodríguez Abreu
Profesor-investigador de tiempo completo de la Universidad de las Américas Puebla
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 Durand, J., Historia mínima de la migración México-Estados Unidos. El Colegio de México, 2016.
2 Hamermesh, D.S. y Trejo, S.J., “How do immigrants spend their time? The process of assimilation”, Journal of population economics, 26(2), 2013, pp. 507-530.
3 Hofferth, S., Flood, S., Sobek, M., & Backman, D., “American Time Use Survey Data Extract Builder: Version 2.8” [base de datos]. College Park, MD: University of Maryland y Minneapolis, MN. IPUMS, 2020.
4 El Colegio de la Frontera Norte, “Boletín de indicadores: EMIF NORTE enero-marzo 2020”, 2020.