Es frecuente escuchar, leer y ver en los medios de comunicación nacionales e internacionales, noticias sobre migrantes que han intentado cruzar, a veces exitosamente, otras no tanto, la frontera norte de México rumbo a Estados Unidos en busca de, lo que se piensa, es una mejor vida. Históricamente, la migración internacional mexicana se ha distinguido porque ha elegido a Estados Unidos como su principal destino desde hace más de un siglo. Sin embargo, a partir del año 2003 ha habido cambios interesantes en el flujo migratorio que nos permiten observar un descenso significativo, pero constante, de mexicanos intentando desplazarse a Estados Unidos.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2005 regresaron aproximadamente 230 000 migrantes a México, y en 2010 retornaron 980 000 personas; ello revela un proceso de transición en la migración histórica de mexicanos hacia Estados Unidos, que es consecuencia de distintas causas señaladas por los estudios de Jorge Bustamante en el Colegio de la Frontera Norte, entre ellas, la crisis económica que redujo la demanda de mano de obra no calificada, y las circunstancias personales de los propios migrantes. Sin embargo, también hay que considerar el retorno forzado (removal) de 2.8 millones de personas durante la administración de Barack Obama (no es gratuito que se le apodara“Deportador en jefe”).
En fechas recientes, es notable la forma en la que se está transformando la migración México-Estados Unidos. Hay dos momentos relevantes. El primero fue cuando, de acuerdo a un estudio demográfico de la Universidad de Texas (2015), la migración de México a Estados Unidos alcanzó su máximo entre 2003 y 2007 con 1.9 millones de personas; durante el segundo, entre 2008 y 2012, se observó que el número de personas que migró durante ese periodo disminuyó significativamente, ya que sólo se reportaron 819 000 personas.
A pesar del descenso de personas que hubo en ese periodo, en 2013, la Encuesta de Migración en la Frontera Norte de México (EMIF) que realiza El Colegio de la Frontera Norte, aumentó un 17 %, con lo cual, ese año, 322 000 mexicanos cruzaron la frontera norte. Aun así, en los años subsecuentes, los datos de la EMIF muestran que el flujo migratorio, tanto de personas que intentan cruzar con documentos como de personas sin documentación, sigue disminuyendo. Estas cifras nos dan una perspectiva de la cantidad de personas que se dirigen a Estados Unidos cada año y logran su objetivo, pero es importante recordar que también hay un número importante de migrantes deportados. Muchas veces, junto con la persona deportada, se encuentran cónyuges e hijos que, por lo regular, no se incluyen en las estadísticas debido a que retornan al país de forma “voluntaria”. Por ejemplo, en 2016 se registraron 409 000 personas que fueron atrapadas mientras trataban de cruzar la frontera suroeste de Estados Unidos, tanto mexicanos como centroamericanos. No olvidemos que México es el país americano con mayor número de deportados de Estados Unidos. También hay datos menos precisos sobre cuántos migrantes mueren en el desierto en su intento de cruzar la frontera. De acuerdo a las estadísticas de la patrulla fronteriza, en 2012 se registraron 463 muertes de inmigrantes, pero pueden ser más.
Es evidente, que las cifras de migrantes deportados, así como la imprecisión de las muertes, que tienen lugar en la frontera de México y Estados Unidos nos muestra una realidad muy compleja y una serie de conflictos políticos, sociales, económicos y culturales de muchos años, que no sólo están relacionados con la migración. Recordemos que la relación entre Estados Unidos y México se ha caracterizado, sobre todo, por ser desigual y complicada más que “amigable”. Incluso antes de la firma de los tratados de Guadalupe-Hidalgo en 1848, en la Guerra de Intervención Norteamericana, ya eran notorias las diferencias de nivel de desarrollo entre México y Estados Unidos, en la político, en lo social, en lo económico, en lo religioso e incluso en lo educativo. Tales diferencias, consecuencia de dos procesos culturales distintos, han construido a lo largo de los años desigualdades importantes, muchas de las cuales se han expresado en la frontera que comparten. Una de las principales desigualdades es la forma en la que se ha percibido a la migración mexicana y su cultura; en contraste con otras culturas migrantes que se establecieron en Estados Unidos en los años sesenta del siglo pasado, fue considerada como inferior.1
¿Cuál es la situación actual? Si bien el gobierno de Joe Biden decidió eliminar el programa Remain in Mexico (Permanece en México) —que establecía que todas las personas que entraran ilegalmente al país y solicitaran asilo, debían ser enviados a México para esperar la resolución del trámite—, el programa ha entrado en una rebatinga judicial que continúa hasta este momento; en abril de este año, unos meses antes de que finalizara dicho programa, los estados de Texas y Misuri demandaron al gobierno federal por violar la Ley de Procedimiento Administrativo y pidieron que Remain in Mexico se restableciera. Habrá que esperar hasta junio para conocer la respuesta de la Corte Suprema. Del mismo modo, el presidente Biden comunicó en abril la eliminación de la medida Título 42, establecida por el presidente Trump, que permitía la deportación expedita de personas que ingresaran sin documentos aduciendo cuestiones sanitarias relacionadas con la propagación de covid-19. De acuerdo a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza aproximadamente 1.7 millones de personas fueron devueltas bajo este ordenamiento.
Ante este panorama, la pregunta es, ¿seguirá en descenso la migración de mexicanos hacia Estados Unidos? La evidencia nos dice que sí. De acuerdo a un informe del Instituto de Política Migratoria, el número de inmigrantes mexicanos disminuyó 7 % entre 2010 y 2020. ¿Qué ha pasado? Por un lado, las leyes de inmigración se endurecieron —tenemos como ejemplo, la Ley SB4 en Texas—; por el otro, los 2.8 millones de deportaciones durante los ocho años del gobierno de Barack Obama, así como la política antiinmigrante de Donald Trump, que aún no se ha revertido exitosamente.
Debido a esto, México dejó de ser el primer país de origen de los inmigrantes en Estados Unidos en 2013 y ha sido superado por India y China. Aun así, la población de origen mexicano que vive en Estados Unidos es mayor que el número de personas recién llegadas: actualmente hay 45 millones de inmigrantes de origen mexicano. Sin embargo, han disminuido de forma gradual desde 2010, lo cual revela que el sueño americano quizás se convirtió en “pesadilla”. Habrá que ver si el presidente Joe Biden logra cambiar la política migratoria, lo que evidentemente creará un conflicto político entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano.
Ana Gabriela Hernández López
Catedrática Conacyt comisionada a El Colegio de la Frontera Norte para colaborar en el Proyecto de Investigación sobre Mexicanos en los Estados Unidos (PIMEU), adscrito al departamento de Estudios Culturales.
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 Telles, Edward E. y Ortiz, Vilma, 2011, Generaciones excluidas: mexicano-estadounidenses, asimilación y raza (Vol. 4). CIS, 2011.