¿Qué nos dice el censo 2020 sobre la población migrante en México?

Ante los discursos xenófobos y antiinmigrantes, tener información que pueda precisar claramente de qué hablamos cuando abordamos el fenómeno migratorio en México resulta de la mayor relevancia. Sin embargo, de entre los temas demográficos, la migración resulta particularmente difícil de medir en tanto se trata de personas en condición de movilidad. En este sentido, los recursos que tenemos para acercarnos a comprender este fenómeno se basan en establecer periodos de corte para medir cambios de residencia, aunque a su vez se produce una pérdida de información sobre lo que acontece entre los periodos seleccionados.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck
Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

En México, una de las fuentes robustas y periódicas de información con las que se cuenta es el Censo de Población y Vivienda, que es levantado cada diez años y que captura el fenómeno migratorio con sus dos instrumentos. En el cuestionario básico, el que se aplica a todas las personas, pregunta sobre el país de nacimiento y, para quienes tienen más de cinco años cumplidos, incluye: “Hace cinco años, ¿en qué estado de la República o país vivía?”. Además, el cuestionario ampliado (que se aplica a una muestra del 10 % del total de hogares) captura información detallada sobre Migración Internacional. En este último se recogen causas de la migración, lugar de origen, lugar de destino, retorno, etc., con referencia al quinquenio previo a la fecha de levantamiento.

La inclusión de estas preguntas en el Censo ha permitido identificar en las últimas décadas grandes transformaciones en el patrón migratorio; por ejemplo, en 2010 se pudo calcular un saldo migratorio cercano a cero, situación que reveló el papel no sólo de expulsión, sino de atracción migratoria que México juega y cuya consecuencia ha sido un arribo importante de personas retornadas desde Estados Unidos. Lo anterior fue determinante para que la agenda de investigación de la última década abordara el fenómeno migratorio con una mirada hacia dentro, identificando las necesidades de personas retornadas y de otras nacionalidades que han llegado a habitar en México en los últimos años.

La información que se presenta a continuación proviene del Censo de Población y Vivienda 2020, que se recabó principalmente poco antes del inicio del confinamiento para reducir la propagación del covid (del 2 al 27 de marzo en fechas oficiales) y que concluyó en junio, cuando comenzó la etapa de reactivación económica.

Merece la pena esclarecer al menos dos conceptos clave para leer e interpretar datos relacionados con la migración. Por un lado, hay que hablar del stock, que se refiere al número de personas nacidas fuera que viven dentro de un territorio y que se mide en un punto determinado de tiempo. Por otro lado, hay que hablar del flujo, que es el número de personas nacidas fuera que entraron al país en un periodo determinado; este periodo varía de acuerdo al instrumento, en el caso del Censo es una ventana de cero a cinco años previos al levantamiento.

Los datos censales indican que el stock incrementó sustantivamente entre los años 2000 y 2010, pasando de 519 601 a 968 147 personas. Luego, hacia 2020, se encontró que la población nacida fuera había crecido a 1 168 378, de las que el 64.3 % declaró haber nacido en Estados Unidos (muchos descendientes de personas mexicanas); el 9.6 % nació en alguno de los países del norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras); el 11.6 % del stock proviene de Argentina, Colombia, Venezuela y Cuba; y el 14.5 % de algún otro país del mundo. Además, hay que dimensionar que esta población nacida fuera apenas representa el 1 % de la población total en México (que se contó en 126 014 024 en 2020), mientras que países como Estados Unidos tienen un stock de alrededor del 15 %.1

Ahora bien, al analizar el flujo, la información del Censo permite calcular que el 28 % de esta población es de “arribo reciente”, es decir, llegó a radicar a México entre 2015 y 2020. Al contrastar el stock con el flujo se puede identificar qué países incrementaron su presencia en México. Por ejemplo, de un total de 56 198 personas venezolanas que viven en México, el 58.7 %, (33 002) llegó en el último lustro. Asimismo, el 47.5 % de los cubanos, y el 41.1 % de las personas de Honduras. A estos arribos recientes le siguen Colombia con 37.4 %; El Salvador, con 33.6 %; Costa Rica, con 32.6 %; Argentina, con 31.9 %, y Canadá, con 31.8 %. Finalmente, con menos de un cuarto de personas de arribo reciente, se encuentran Guatemala, con 24.3 %, y Estados Unidos, con 23.9 %.2

Así como el tiempo de llegada y la conformación de estas diásporas en México son distintas, su composición por edad resulta disímil. Resulta relevante el componente de niñas niños y adolescentes provenientes de Estados Unidos, que asciende a 72.7 %. Ello indica que este flujo, muy probablemente, se trata de población que llega a México como parte de un proceso de integración familiar. También resalta el flujo del norte de Centroamérica. Se calcula que el 30.8 % de la población de reciente arribo de Guatemala tiene menos de 15 años; los casos de Honduras y El Salvador delatan flujos de este grupo etario con el 28.3 % y 22.8 %, respectivamente. En el lado opuesto, el 12.5 % de las personas canadienses tienen más de 65 años. Al examinar el sexo, en general hay paridad con las excepciones de Cuba, de donde el 59.6 % de las personas que han llegado recientemente son hombres, así como el 55.6 % de Canadá y el 75.1 % de Estados Unidos.

La heterogeneidad del flujo también está enmarcada por las condiciones de vida que tienen estas diásporas en México. Con el Censo fue posible identificar la magnitud de la población en hacinamiento y que vive con falta de alimentos. Se encontró que la población proveniente del norte de Centroamérica es la más vulnerable: la mitad de las personas de El Salvador y de Honduras viven en condiciones de hacinamiento, así como el 45.7 % de las de Guatemala. Esta cifra es muy preocupante porque es casi dos veces mayor a la proporción que se tiene entre la población mexicana (27.3 %). En el polo opuesto, el hacinamiento entre las personas provenientes de Costa Rica, Argentina y Canadá ronda sólo 4 %. Lo anterior indica una profunda desigualdad en las condiciones de llegada y pocas posibilidades para hacer un cambio. La falta de alimentos es también una dimensión alarmante para esta población migrante que declaró haber estado sin comida por falta de recursos. Los datos indican que el 32.6 % de las personas de Honduras, el 28.6 % de El Salvador y el 15.5 % de Guatemala tuvieron falta de alimentos, mientras que este porcentaje entre personas mexicanas es de 9.4 %. Por su parte, la falta de alimentos no es un problema para las personas de Costa Rica, Argentina y Canadá, quienes reportan apenas un 2 % de esta situación. Estas aristas sobre las condiciones de vida retratan las dificultades acumuladas que tienen algunas de las poblaciones de migrantes durante su residencia en México, lo cual resalta la falta de un plan de atención que incrementa su vulnerabilidad.

Estos datos sobre las diásporas, aunque no exhaustivos, permiten precisar que la población que llega a México y se queda a radicar en el país incrementó de 0.5 % a 1.0 % en los últimos veinte años en un país de 126 millones de personas; por lo tanto, las voces que llaman a la alerta por la “llegada masiva de personas de otros países” en realidad no tienen fundamento. Además, es importante contar con datos censales para apoyar el diseño de planes y programas que regulen la migración como lo establece el Pacto Mundial por la Migración y superar el estado de “crisis migratoria”.

Asimismo, que en términos relativos la presencia de migrantes sea baja no significa que se trate de casos aislados y deben abordarse con toda seriedad. Los datos aquí mostrados nos revelan la gran desigualdad de condiciones bajo las que llegan y que no mejorarán ante la falta de un plan o programa específico. Finalmente, es necesario recordar que, a pesar de su limitación en medir el stock y los flujos cada diez años, la información censal nos permite ver procesos de mediano plazo que dan luz sobre lo que parece estar lleno de incertidumbre como lo es el fenómeno migratorio que se profundiza en estos tiempos de pandemia, cambio climático, crisis económicas y guerras.

 

Andrea Bautista León
Colaboradora e investigadora en la Universidad La Salle, A. C.

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


1 Se calcula que en 2020 había una población de 50.63 millones de personas migrantes viviendo en Estados Unidos, país que tenía 329 millones de habitantes en ese año.

2 El stock de las poblaciones mencionadas en 2020 fue: Argentina 18 908; Canadá 10 936; Colombia 34 753; Costa Rica 3752; Cuba 25 998; Estados Unidos 751 363; El Salvador 19 481; Guatemala 59 886; Honduras 33 675; Venezuela 56 198; resto del mundo 153 447. Sobre los cálculos, ver: Bautista, A., Angoa, M.A. y Giorguli, S.E., “Integración desigual en México: Brechas y retos para la integración de inmigrantes centroamericanos en los inicios del siglo XXI”, Documento de Investigación. Grupo de Trabajo de Centro y Norteamérica sobre Migración. World Refugee & Migration Council (WRMC), 2021.