A mediados de la década de los años veinte del siglo pasado el congresista demócrata John Calvin Box hizo una propuesta de ley al Congreso de los Estados Unidos que pretendía “imponer una cuota a la inmigración procedente de México, lo que significaba que solo se permitiría el ingreso de 1500 personas anualmente”.1 Dicha propuesta, mejor conocida como Ley Box, nunca se aprobó. Sin embargo, la prensa mexicana y aquella escrita por mexicanos en el país del norte difundió la idea de que la ley había sido avalada, rumor que impactó directamente en la población mexicana que residía en el país vecino, pues se decía que a través de la supuesta ley se estaba deportando a cientos de mexicanos. En particular, esta información fue reproducida en la prensa de San Antonio, Texas, y en La Opinión de Los Ángeles, California,
La prensa, como ese escaparate de opinión escrita, la plaza pública en el que algunos y algunas pueden emitir opiniones y reproducir discursos, sea cual sea la línea editorial del periódico en cuestión, ha sido el medio impreso, actor social y político que, desde sus orígenes, fue testigo de los diferentes periodos históricos. Por lo menos en la primera mitad del siglo XX se difundieron ciertas informaciones y discursos que tenían que ver con el fenómeno migratorio mexicano hacia Estados Unidos y que impactaron en los procesos de movilidad humana, en ocasiones promoviéndola y en otras tratando de frenarla. Así, a nivel histórico, como lo apunta Mirta Kircher, la prensa ha sido una de las principales fuentes de información que “ocupa un lugar central en la reflexión histórica, permitiendo conocer aspectos centrales en el registro y la comprensión de los procesos históricos”.2

Doble discurso
En esta ocasión señalaré algunas de las contradicciones y ambigüedades editoriales que investigadores como Fernando Alanís Enciso y Juan Miguel Sarricolea han encontrado en la prensa y que han analizado en sus trabajos sobre la migración México-Estados Unidos, particularmente en la primera mitad del siglo pasado.
Las investigaciones de Fernando Alanís como —Voces de la repatriación, la sociedad mexicana y la repatriación de mexicanos de Estados Unidos, 1930-193; Que se queden allá, el gobierno de México y la repatriación de mexicanos en Estados Unidos (1934-1940); México; país de migración de retorno (primera mitad del siglo XX) y “La Ley Box y la prensa mexicana (1929-1930)”— se han nutrido de fuentes diversas, tanto oficiales como de la historia oral. No obstante, la prensa tomó un papel fundamental y protagónico por la difusión masiva de informaciones que supuestamente denunciaban las condiciones generales de las y los migrantes en el país del norte, muchas ocasiones tergiversadas.
La Ley Box, por ejemplo, nunca fue aprobada. No obstante, los editorialistas no entendían con claridad qué era lo que en realidad estaba sucediendo, o simplemente no investigaban a profundidad la realidad de los temas que se discutían a nivel federal. Al parecer resultaba más sencillo exagerar la información que tenían a la mano. En entrevista sobre la supuesta ley, Fernando Alanís apuntó:
La prensa mexicana inventó, creía o imaginaba la existencia de una ley que nunca existió y difundió la idea que de verdad existía. En realidad fue una propuesta para restringir la migración mexicana a una cuota […] La prensa de finales de 1920 esparció con demasiada publicidad el rumor de que sí existía esa ley y que había sido aprobada, que había entrado en vigor y que a través de ella se habían deportado a cientos mexicanos, lo que provocó cuantiosa migración de retorno.
De esa forma, la prensa de la época creaba e inventaba ciertos imaginarios colectivos que tomaban fuerza por su gran difusión. Tanto el periodista como los editorialistas no sabían lo que en realidad sucedía, pero difundían la idea de la deportación, la expulsión, la persecución y la fiscalización de mexicanos en momentos en los que la regulación de la migración se estaba discutiendo en Estados Unidos desde otros frentes. Por ejemplo, según el 20 de mayo de 1929 El Informador declaró que la Ley Box había facultado a la autoridad migratoria estadounidense de “correr a trompadas a nuestros nacionales del territorio americano”. En otras palabras, en las interpretaciones sobre la propuesta de la Ley Box, las informaciones que presentaban ciertos sectores de la prensa, pocas veces estaban sustentadas sobre alguna verdad escrita en las páginas de la ley. Dicha regulación, lo que en realidad proponía era limitar a una cuota de ingreso de mexicanos y no deportar como aseguró la prensa.3
Por otra parte, a finales de noviembre de 1932 se fundó el Comité Nacional de Repatriación, impulsado por el gobierno federal con el objetivo de ayudar a miles de mexicanos a regresar a territorio nacional. Sin embargo, como también podemos observar en Voces de la repatriación de Alanís, ciertos sectores de la prensa veían a estos connacionales como invasores, pues estos “traidores a la patria” regresaban sin nada y a ocupar gratuitamente las colonias agrícolas que estaba otorgando el gobierno federal. Como era de esperarse, estos discursos provocaban escozor en varios sectores de la sociedad mexicana, pues, como señala Alanís, para no provocar malestares al país la prensa difundía la idea de que “es mejor que se queden allá”. Por otro lado, otro sector de los medios impresos aseguraba que los connacionales regresaban mejor preparados, con mejores aptitudes laborales y culturales, más alfabetizados e higienizados. Así, el doble discurso y la polarización dentro de las líneas editoriales la prensa mostraba dos caras.
Algo similar sucedió con los programas braceros de los años cuarenta del siglo pasado, en los cuales se contrataba de forma temporal a mexicanos para trabajar en Estados Unidos. Sobre dicho programa, Alanís apunta que la prensa generó el rumor de que los mexicanos estaban siendo reclutados para ir al frente de batalla en vísperas y durante la Segunda Guerra Mundial. Lo anterior provocó temor entre las familias mexicanas que allá vivían e impulsó a muchos regresar a territorio nacional. Un sector de la prensa veía a estos braceros como traidores a la patria, pues decían que en su tierra había mucho trabajo por hacer y que el país se quedaría sin mano de obra para la construcción de la nación.
Prensa y cuerpos clandestinos
Otro de los mejores trabajos sobre la deportación de mexicanos a inicios de la segunda mitad del siglo pasado es “Cuerpos clandestinos echados de Estados Unidos durante los programas braceros, década de los cincuenta” de Juan Miguel Sarricolea. El investigador nos muestra cómo se construyó editorialmente el llamado “cuerpo indocumentado”. A partir de diarios como La Voz de la Frontera en Matamoros, Tamaulipas, El Heraldo de Chihuahua, así como La Tribuna de Guadalajara, Sarricolea describe la expulsión-deportación de mexicanos sin documentos que residían en la franja norte de México. Sarricolea señala: “Los expulsados-deportados llegados a México fueron representados como miserables por la prensa fronteriza, lo que contribuyó con tales descripciones al imaginario del cuerpo clandestino en tanto desecho corporal”.4
Según Sarricolea, además de que los expulsados de Estados Unidos fueron representados en la prensa como “cuerpos miserables y pobres”, y que quedaron “atorados” en alguna ciudad mexicana fronteriza, la promoción en la prensa de películas de tema migratorio mostraba carteles que contribuían a la construcción de ese imaginario del migrante deportado. Por ejemplo, en Espaldas Mojadas, se mostraba el cuerpo de hombre que emergía del Río Bravo, que intentaba salir, con semblante cabizbajo y agotado, que además ilustraba el peligro de cruzar el río.5
Otro elemento que abonó a la construcción del imaginario del “cuerpo pobre y miserable” de los migrantes expulsados-deportados fue el discurso editorial encaminado a tratar de inhibir que las personas intentaran llegar a Estados Unidos de forma ilegal. Sarricolea cuenta que en una nota del 7 de julio de 1949 La Voz de la Frontera señaló: “Matanza de braceros se lleva a cabo diariamente por guardias fronterizos”. En dicha nota periodística, se aseguraba que mensualmente se encontraban entre 10 y 15 migrantes ahogados en el río, pero que se creía que varios de ellos habían sido asesinados por guardias fronterizos.6 En ese tenor, como señalo arriba, el discurso editorial sensacionalista también funcionó como una especie de estrategia que intentaba inhibir el cruce del Río Bravo.
Sobre estos “cuerpos pobres y miserables” que Sarricolea ha examinado se puede decir que dichos migrantes expulsados-deportados sufrieron un proceso de deshumanización en la construcción del discurso editorial, pues se les había considerado una “carga”, “un cargamento de deportados” y violadores de las leyes de migración estadounidense. Para coronar la construcción del discurso editorial migratorio, la prensa fue introduciendo en el imaginario popular adjetivos peyorativos como el de bracero, espaldas mojadas, mojado y otros como el coyote, pollero y matabreceros.
¿Revisionismo editorial?
En el tema migratorio —en la fallida Ley Box, el Programa Bracero, el supuesto reclutamiento de mexicanos para ir al frente de batalla durante la Segunda Guerra Mundial, así como en la expulsión-deportación de connacionales— ciertos sectores de la prensa nacional en muchas ocasiones difundieron discursos que estaban alejados de la realidad o que mostraban verdades a medias. Estas informaciones infundieron miedo en “los paisanos”, lo que a su vez provocó una gran oleada de migración de retorno. Para las y los que nos dedicamos al estudio de la movilidad humana o el fenómeno migratorio, hoy más que nunca es necesario repensar y re-interpretar la información y los discursos que se reproducían en la prensa escrita de la primera mitad del siglo XX.
A los ojos de la hemerografía histórica, la movilidad humana y el fenómeno migratorio siguen siendo esa vidriera pública, ese lugar inestimable que señala Mirta Kircher, el cual también nos permite pensar la política y la sociedad, visualizar la peculiaridad del objeto. La construcción editorial de imaginarios sobre la migración México-Estados Unidos es ese objeto de estudio al cual debemos volver a cuestionar. Si las informaciones y discursos que se construyeron sobre el fenómeno migratorio no se vuelven a debatir, nuestras interpretaciones sobre esas realidades serán insuficientes. Hoy más que nunca es necesario ser críticos con los actuales medios de información, tanto impresos como digitales, pues en algunas ocasiones continúan reproduciendo imaginarios prejuiciados sobre ciertas migraciones, particularmente de las centroamericanas y haitianas en México.
Saúl Iván Hernández Juárez
Doctor en historia y docente adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 Alanís Enciso, F. “La Ley Box y la prensa mexicana (1929-1930)”. En: Historia Mexicana, LXIX, núm. 4, 2020, p. 1681.
2 Kircher, M. “La prensa escrita: actor social y político, espacio de producción cultural y fuente de información histórica”. En: Revista de Historia, num. 10, 2005, pp. 115-122.
3 Alanis, ob. cit. p. 1720.
4 Sarricolea Torres, J. M. “Cuerpos clandestinos echados de Estados Unidos durante los programas braceros, década de los cincuenta”. En: México: país de migración de retorno (primera mitad del siglo XX), El Colegio de San Luis, El Colegio de la Frontera Norte, El Colegio de Michoacán, 2021, pp. 205-228.
5 Ibid, p. 215.
6 Ibid, p. 216.