Violencias y desplazamiento forzado: crimen y Estado

El desplazamiento interno forzado por violencia es un fenómeno invisibilizado en México. No sorprende que esto sea así cuando observamos que, en las narrativas de las personas que lo viven, se hace presente un dominio criminal, agentes estatales coludidos y una desprotección cínica del Estado. Tal es el caso de Rocío, una mujer desplazada de Michoacán:1

Lo que pasa, yo le voy a ser sincera, al principio sí quería pero nos detenemos. ¿Por qué motivo? Porque ellos agarran patrullas. Ellos andan con las patrullas pa’ donde quieran, con los policías andan ahí dentro, en las camionetas del DIF, o sea andan ahí, traen todos los carros […] y yo decía ahí viene la camioneta del DIF pero les miraba a ellos, entonces por eso, allí mismo, una denuncia, cualquier cosa, no. ¿Por qué? Porque si usted ve y pone una denuncia los primerititos que salen son las personas esas.

Las principales causas del desplazamiento forzado por violencia en México son secuestro, amenazas, extorsión, ambiente generalizado de violencia, enfrentamientos abiertos, violencia de género y homicidios. Sin protección legal, y con la Ley General para Prevenir, Atender y Reparar Integralmente el Desplazamiento Forzado Interno detenida en el Senado desde 2020, miles de mexicanos y mexicanas se han visto en la necesidad de llegar a la frontera norte con la esperanza de obtener asilo en Estados Unidos.

En 2020 empecé una investigación para conocer y comprender el desplazamiento interno forzado a Tijuana; me enfoqué en analizar la experiencia de violencia y desplazamiento de mujeres de Michoacán que llegaban a albergues y centros para migrantes. Coincidió que en los meses que estuve realizando entrevistas a estas mujeres, la Comisión Mexicana por la Defensa y Protección de los Derechos Humanos (CMDPDH) registró el mayor número de episodios de desplazamiento forzado en México. Alrededor de 9958 personas se desplazaron entre junio y agosto de 2021; la mayoría provenía de Michoacán. Además de los episodios documentados, se han registrado desplazamientos familiares y una mayor cantidad de mujeres que de hombres.

Ilustración: Kathia Recio
Ilustración: Kathia Recio

La violencia se trata de una estrategia que resulta de una conflictividad informal. Conflictividad por presencia de conflicto o guerra, e informal porque ocurre fuera de la ley. Los grupos protagónicos (grupos criminales) actúan fuera de la ley, controlando capital no declarado y sistemas sociales apartados del Estado. Esto ocurre dentro de lo que Rita Segato llama espacio intersticial, en el que fuerzas armadas tanto estatales como no estatales ejercen violencia como una estrategia bélica cuyo fin es controlar el territorio sometiendo a la población a disposición. Haciendo visible la permeabilidad entre lo “ilegal” y lo “legal” o informal y formal. En este espacio el fin es el control, y éste se obtiene a partir del sometimiento y la explotación de la población.2 A través de imposiciones y violencias instrumentales y expresivas se construyen subjetividades de terror e impotencia, alimentando la construcción de un imaginario donde la población naturalice su dominio.

Pero ¿cómo llegan a someter a la población, a controlarla y a alimentar una subjetividad de impotencia y de terror? La violencia expresiva consiste en exposiciones de violencia pública y constante. Directa e indirectamente y bajo el estado constante de alerta en el que sostienen a las personas, toma la función de instrumento para disciplinar a la población hacia la rendición, haciendo crecer su régimen criminal y control del territorio, incluyendo a las personas y los recursos. Esto se percibe gráficamente en los testimonios brutales de las mujeres que entrevisté; en su forma más cruda, la violencia expresiva parece carecer de sentido, completamente deshumanizada y cruel. Sin embargo, es instrumental: “La crueldad es expresiva y se separa de lo instrumental; pero la opción por ella es instrumental. Es un cálculo con referencia a los beneficios codiciados que se derivan del pacto mafioso, que, como he afirmado otras veces, obedece y replica el pacto masculino”.3

Una joven de 19 años relata el episodio de violencia que sobrevivió antes de huir a Tijuana. Ella se había mudado recientemente a casa de la familia de su novio. Su cuñado vendía estupefacientes para el cártel que dominaba en su municipio. Pero un día entraron a la casa miembros del cártel en busca de este sujeto que había huído. Al no tener resultados del paradero actual, torturaron a toda la familia. A pesar de estar conscientes de que la joven de 19 años no iba a proveer información y de que era la que menos contacto había tenido con el sujeto que buscaban, fue la más violentada, violada y torturada. Cuando decidieron parar los maltratos a toda la familia, fue ella la que salió con amenaza de que la iban a matar.

Y dijeron “ahorita aquí esperenos”, pero ahí se quedó uno apuntándonos con la pistola y entons ya me dijo “tú estás recién juntada ¿verdad?” le dije sí. “Pues valió madres uno de ustedes va a ser el que va a pagar todo” y pues ya dije, Dios mío pues estamos en tus manos, tú sabrás.4

Dice Segato que el cuerpo de la mujer ya no es un botín de guerra como en otros momentos históricos, ni la muerte de mujeres y los niños, un daño colateral de guerra. En este tipo de guerra (informal) el Estado está en guerra contra el narco, pero a la vez está colaborando. Al mismo tiempo, el narco tiene conflictos internos de disputa de territorio. En este nuevo tipo de guerra el fin es control, sin importar a través de qué medio. El cuerpo de las mujeres y los niños ya no son daños colaterales, adquieren una nueva posición. El reclutamiento de jóvenes varones tiene la función de colocarlos como soldados de primera fila, cuerpos de sacrificio: “Se agarran a chavitos con tal de que puedan cargar un arma”.5

Los cuerpos ahora son recursos del territorio para explotar y utilizar. El cuerpo de la mujer es utilizado como territorio para practicar crueldad y reafirmar su identidad de sanguinarios inquebrantables. Pero también para utilizar como medio expresivo, como buque sobre el que transportan advertencias a sus adversarios, una estrategia de ataque al antagonista creado. Así, el caso de Yess quien tuvo un hermano que trabajaba para un cártel. Cuando llegó un nuevo cártel a pelear territorio “limpiaron”, lo asesinaron. Ella fue acosada y amenazada de que ahora tenía que responder ante estos. Después de que tomaron la casa de su madre, decidió salir.Viviana, una madre soltera cuya hija de 15 años fue secuestrada mientras ella trabajaba, fue torturada y fue soltada bajo la amenaza de que volverían por ella días después, porque les interesaba la niña para su jefe. Sin motivo ni antecedentes, las mujeres entrevistadas afirman que en sus municipios levantan muchachas con la misma frecuencia que se roban motos, coches, pertenencias y ocupan casas: “Hay que ser honestos y saber que en Michoacán tenemos tres opciones: la muerte, desaparecidos, o la cárcel”.6

Las mujeres que entrevisté viajaban con sus hijos e hijas, con el impulso de proteger y salvarse dejaron atrás familia, animales, parcelas, pertenencias, casas, trabajo y cotidianidad. En un nivel teórico, el desplazamiento es una resistencia al control y al uso de su cuerpo y el de sus hijos e hijas. Sin población, los grupos armados pierden soldados y cuerpos femeninos sobre los cuales inscribir su crueldad y su poderío, se quedan sin población que trabaje las parcelas de las que robaban cosechas. En espacios de conflictividad informal, como los que han proliferado en Michoacán (y en el país), donde el Estado no protege por falta de control, negligencia y cooperación, la agencia es la solución para su protección. Injustamente, miles de personas han tenido que salir, encontrando apoyo en redes familiares y solidarias que las apoyan en la odisea, en asociaciones y albergues en las ciudades que transitan y llegan.

Lo material va y viene pero digo la vida de la familia…o mi papá también allá está, pero mi papá pues ya está viejito, él no se sale, dice que si ahí le llegan, pues ahí.7

Y así, poniendo kilómetros de distancia entre ellas y sus atacantes llegan a Tijuana. Pero acá tampoco les llegará la protección del Estado, y ellas lo saben, por esto llegan buscando asilo en Estados Unidos. Sin embargo, las políticas migratorias sobre procesos de asilo son cada día más difíciles de acceder, con protocolos de expulsión, disfrazados de “protección ante riesgos sanitarios”, como el Título 42, o el Protocolo de Protección al Migrante (MPP), popularmente conocido como “Remain in Mexico”, aún en vigor, que inserta a las personas desplazadas en listas de espera de hasta años y a concurso con personas de múltiples nacionalidades del sur de Latinoamérica y del Caribe que también esperan en la misma ciudad, disminuyendo las posibilidades de obtenerlo. Esto facilita que se prolongue la condición de “desplazadas” y dificulta las posibilidades de rehacer sus vidas. El retorno en muchos casos es imposible pero, para aquellas pocas personas que se han reconciliado con la idea después de un tiempo, ha implicado encontrar ruina donde antes era su casa, escuelas ocupadas y su municipio aún en guerra.

Mientras el Estado no proteja a las personas que atraviesan estas condiciones, seguirá contribuyendo a su explotación, orillándolas a espacios donde el régimen está fuera de ley y la regulación, exponiéndolas a violencias brutales. Esto fortalece un círculo vicioso donde el desplazamiento se vuelve una solución inmediata, una resistencia temporal a la violencia criminal. Pero no de la violencia estructural, esa que no prioriza pasar una ley de protección ni le destina presupuesto. Esa violencia que condiciona su movilidad a través de políticas excluyentes nacionales y extranjeras, de asilo, esa violencia que se encuentra en lo formal.

 

Eugenia Morales Viana
Maestra en Estudios Culturales por El Colegio de la Frontera Norte

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


1 Fragmento de entrevista a Rocío, agosto 2021, Tijuana.

2 Segato, L. R. Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, Pez en el árbol, 2014.

3 Ob. cit. p. 59.

4 Fragmento de entrevista a Ema (seudónimo), agosto del 2021, Tijuana.

5 Fragmento de entrevista a Tomasa (seudónimo) agosto del 2021, Tijuana.

6 Fragmento de entrevista a Yess (seudónimo) Tijuana, 2021.

7 Fragmento de entrevista a Clara (seudónimo) Tijuana, 2021

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Publicado en: Movilidades forzadas

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