¿Huasteca potosina mágica o comunidad indígena desplazada?

La huasteca potosina se encuentra ubicada en la zona noreste de México y está integrada por veinte municipios; de estos, Aquismón y Xilitla son los únicos que tienen hoy la borrosa categoría de “pueblo mágico”. Además, la región huasteca se comparte con los estados de Veracruz, Hidalgo y Tamaulipas, y en menor medida con Guanajuato y Querétaro. Sin embargo, ni el impulso turístico que la región ha tenido en los últimos años, ni el excesivo número de visitantes que acuden a pasear por los “exóticas” veredas del jardín escultórico Edward James en Xilitla, ni la derrama económica que deja el turismo, han mejorado las condiciones de vida de las comunidades y los pueblos indígenas. Por el contrario, ese turismo desregulado ha acelerado la migración interna, concepto entendido como un fenómeno que da lugar a desplazamientos de personas que, en su lugar de origen, carecen de recursos económicos, o son muy escasos los medios para satisfacer las necesidades esenciales, por lo que migran a regiones con mayor desarrollo económico e industrial.1

Ilustración: Raquel Moreno
Ilustración: Raquel Moreno

Pueblo indígena huasteco: un perfil aproximado

En México, el último censo de población y vivienda de 2020, arrojó que, en el estado de San Luis Potosí, habitan 231 213 personas hablantes de una lengua indígena, que van de los tres años de edad en adelante, y representan apenas el 8.6 % de la población total en la entidad. No obstante, según el Consejo Estatal de Población (Coespo), de ese total, la huasteca potosina concentra a 216 338 personas hablantes de lengua indígena, es decir, más del 90 % en una sola región, donde las lenguas más habladas son el náhuatl (121 079 personas) y el huasteco (95 259 personas).

El Coespo también asegura que el perfil económico de esta población, hasta 2021, lo conforman el trabajo indígena en actividades agrícolas y ganaderas (26.7 %), actividades forestales, pesca y caza (23.5 %); extracción y edificación de construcciones (6.2 %); un 5.8 % del trabajo doméstico y de limpieza, mayoritariamente realizado por mujeres; vendedores ambulantes (3.5 %) y, finalmente, el precarizado trabajo del docente indígena en con un 3.6 %.

Sin embargo, históricamente en la huasteca potosina han persistido las desigualdades entre los pueblos indígenas y los que no lo son. De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), para 2018, más de 172 290 indígenas de la huasteca potosina vivían en situación de pobreza, y se ubicó a la entidad como el sexto estado con mayor empobrecimiento de su población indígena. Para 2021, los porcentajes de desigualdad continuaron siendo elevados, pues el 89.4 % de la población indígena carecía de acceso a los servicios básicos de vivienda; el 82.4 % carecía de seguridad social y servicios médicos; el 32.9 % tenía rezago educativo y, por último, el 25.4 % de la población indígena en la huasteca potosina tiene poco acceso a la alimentación. Por lo anterior —aunque la migración de esta población no es un fenómeno reciente—, estas carencias han orillado a un elevado porcentaje de esta población a emigrar a entidades vecinas como Tamaulipas, Querétaro, Jalisco y Guanajuato. No obstante, la mayoría de la migración interna es hacia Monterrey, Nuevo León, y su área metropolitana.

Monterrey, Nuevo León, y la concentración de población indígena potosina

La migración de la población indígena hacia el área metropolitana de Monterrey no es un fenómeno nuevo. Por efecto del acelerado proceso de industrialización que ha tenido lugar en Monterrey y su área metropolitana, desde la década de los setenta del siglo pasado la zona se convirtió en un punto de atracción laboral y residencia para distintos grupos indígenas, principalmente para los procedentes de la huasteca potosina. En ese sentido, en un primer momento, la migración “tradicional” procedente de San Luis Potosí hacia la zona regiomontana comenzó desde esa década, misma que en aquel momento no era mayoritariamente indígena, pero predominantemente masculina.2

Sin embargo, el establecimiento de las políticas neoliberales en México a partir de 1994, y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos (TLC), acrecentaron las desigualdades económicas, sociales, agrarias y educativas en la población indígena de la huasteca potosina, pues como señalan Granados y Quezada: “La apertura comercial en el país, generó la precariedad de los precios en los cultivos que producía la huasteca potosina como el café, la caña de azúcar y la naranja, así como la carencia de tierra destinada al autoconsumo”.3 Así, por lo menos desde hace cuatro décadas, se ha podido identificar a la región huasteca como expulsora de fuerza de trabajo.

La ruta de tránsito que siguen, según Jorge Mirabal Venegas,4 es salir de su comunidad para llegar a Ciudad Valles, capital política y económica de la huasteca, para después, en primer lugar, seguir su camino hacia Ciudad Mante y Ciudad Victoria, Tamaulipas; la última parada la hacen en Linares, Nueva León, para, como ya sabemos, tener como destino final, el área metropolitana de Monterrey.

Para 2005, según los trabajos fundacionales y gran esfuerzo de Durin y su equipo de investigación, el número de indígenas provenientes de la región huasteca eran 1738 hombres y 1815 mujeres,5 pues todas las fuentes de la época, como las actuales, coinciden en que el mayor número de población indígena en el área metropolitana de Monterrey, provienen de la región huasteca de San Luis Potosí. Así, desde 2005, Durin y Moreno pudieron ubicar que, en la zona, la población indígena radica en tres tipos de asentamientos: el aislado, aquel “propio” de las empleadas domésticas en zonas de elevado nivel económico; el “disperso y el congregado”, que ubican a los indígenas en zonas marginadas y periféricas, donde el disperso es el más común.6

Desafortunadamente, ni los instrumentos de medición oficiales como los censos de población, ni el Coespo en San Luis Potosí, ofrecen datos exactos sobre la actualidad de la población indígena en el área metropolitana de Monterrey, lo que también nos indica un abandono institucional. Por lo anterior, Bernarda Reyes, actual presidenta de la Comisión de Asuntos Indígenas, señala en entrevista7 que las autoridades tendrían que vigilar que, por lo menos, los indígenas migrantes viajen de forma segura, que trabajen en condiciones óptimas y reciban sueldos justos. Sobre el registro de “los y las que se van”, Reyes subraya la importancia de la actuación de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en el sentido de que tendría que diseñar estrategias preventivas para la población indígena que decide migrar de forma interna:

Es muy importante que les demos pautas de prevención, en realidades como el enganche de mujeres; advertir que en el camino pueden tener dificultades de inseguridad, ya que he escuchado testimonios de cómo compañeros indígenas que son secuestrados por la delincuencia organizada. Es de ahí donde entran las pautas de prevención para explicarles qué hay que hacer en el momento de salir […] explicar a las personas, a nivel de asambleas comunitarias que, en el momento de salir, tienen que avisarle por lo menos a su autoridad comunitaria, se acompañen de un familiar a lugar donde van a abordar determinado vehículo; que el familiar advierta cuáles son las características del familiar que va a viajar, para que eventualmente en cualquier circunstancia se tenga información. Es importante compartirle que debe de haber una comunicación, durante el tránsito de su lugar de salida al lugar de destino. Es importante que den datos, como a dónde llegaron, quién es su patrón, y cuál es la actividad que están desempeñando.

La comunidad migrante indígena procedente de la huasteca potosina generalmente se emplea en el servicio doméstico, lo cual, según Durin, “habla de relaciones sociales de origen colonial”.8 A partir del trabajo de campo que desarrolló la investigadora, pudo comprobar que la gran mayoría de las personas que laboran en el servicio doméstico son mujeres originarias de la huasteca potosina.9 Lo anterior nos habla también de la feminización del trabajo indígena en Monterrey, porque por lo menos, para 2005, se hablaba de un 49 % de los trabajadores indígenas eran hombres, contra el 51 % de mujeres.10 Como hemos visto hasta el momento, urgen nuevos proyectos de investigación que analicen las condiciones actuales de los indígenas en la zona metropolitana de Monterrey, estudios que sean capaces de proponer y generar políticas públicas para su beneficio y en pro de erradicar la desigualdad social.

La Comisión de Asuntos Indígenas en San Luis Potosí

Bernarda Reyes Hernández, egresada de la licenciatura en derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, zona huasteca, es diputada por el XV Distrito. Reyes Hernández, de origen Tenek, actualmente es la presidenta de la Comisión de Asuntos Indígenas en el Congreso del Estado de San Luis Potosí. El trabajo que hasta el momento ha llevado a cabo ha ido en el tenor de tratar de erradicar las grandes desigualdades sociales que persisten en la región, pero también, ha impulsado propuestas para contener esa migración interna a otras entidades del territorio mexicano.

Según palabras de Bernarda Reyes, las condiciones de desigualdad que desde el congreso ha tenido que modificar han sido, por ejemplo, la lucha por un derecho tan elemental como lo es el acceso al registro civil, para que el pueblo indígena de la huasteca potosina tenga los documentos adecuados que les puedan dar acceso a los diferentes programas sociales, tanto estatales como federales. De esa forma, en la primera etapa se dio a la tarea de impulsar la creación de módulos de registro civil itinerantes. Reyes Hernández apuntó que el acceso a la justicia agraria es otro de los derechos por los que está luchando, así como el derecho a la consulta pública, pues esta última permitirá mayor comunicación entre los pueblos y comunidad indígena en los temas que sólo a ellos les corresponden, a partir de sus propios marcos normativos.

Sin embargo, en el tema de la migración indígena a entidades vecinas, Reyes considera que el área de oportunidad de trabajo tendría que generarse en la capital del estado, pues al tener desarrollo industrial se tendría que buscar espacio para ellos y ellas, así como generar mecanismos para traerlos y dotarles de un espacio para su alojamiento: “¿Cómo los traemos? El traerlos nos implica un traslado, pero si lo hacemos dentro del estado es más seguro […] Que su ruta sea dentro del estado, puesto que en materia de migración y sobre todo tratándose de pueblos y comunidades indígenas, tenemos muchos jornaleros migrantes”.

Salud y migración interna

La falta de servicios de salud, así como el deficiente sistema que ha sido superado por el crecimiento de la población indígena en la zona huasteca de San Luis Potosí, también ha provocado un desplazamiento forzoso al que pocas veces hemos querido analizar bajo esa categoría. Según el Coespo, el 24.6 % de la población indígena en la huasteca potosina carece de acceso a servicios de salud. Además, el traslado indígena por falta de servicios médicos implica, en primer lugar, el desplazamiento desde su comunidad hasta Ciudad Valles, y de ahí otro viaje de cinco horas hasta San Luis Potosí, la capital del estado. Bernarda Reyes señala:

En materia de salud, este es un tema tan fundamental, porque en correlación con la población que tienen la huasteca, y estoy hablando de aproximadamente 24 municipios, tiene dos hospitales importantes en la huasteca, pero superados en recursos humanos, en recursos materiales, entonces sí es muy importante, poner el enfoque especial para robustecerlo, para fortalecerlo.

En ese sentido, la región huasteca sólo cuenta con tres hospitales importantes: el Hospital Rural de Zacatipan, Tamazunchale; Hospital Santa Catarina, Axtla de Terrazas y el Hospital Regional de Ciudad Valles. Por ello, toma relevancia este tipo de migración forzosa, por la insuficiencia de servicios médicos en la huasteca potosina. Este tipo de desplazamiento genera gastos económicos para los ya precarizados habitantes de la región. También surte efecto el choque de esta población ante una ciudad desconocida y sus diferentes grados de exclusión y clasismo.

¿Huasteca mágica?

Al ingresar a Google para hacer una exploración sobre las condiciones de la comunidad y pueblo indígena en la huasteca potosina, por lo menos los primeros quince enlaces que arroja el buscador son paquetes turísticos, hoteles, y lugares para visitar. Esto claramente es un síntoma de la indiferencia y abandono que persiste sobre la población indígena de la huasteca potosina, pues es más fácil mostrar la biodiversidad y el carácter “exótico” que se le ha atribuido a su gente y a sus celebraciones, que mostrar la gran brecha de desigualdad que ha provocado el voraz aparato turístico, el cual generalmente está en manos privadas y no en las de los que siempre han estado ahí, los hablantes de tenek y náhuatl.

Finalmente, en los temas de los asuntos indígenas en la huasteca potosina, Bernarda Reyes Hernández señaló que lo que se necesita es un análisis profundo de las problemáticas que enfrentan, pero desde una perspectiva intercultural, es decir, aquella que apuesta por la vida en sociedad a partir de la diferencia, “una propuesta para la atención a la diversidad cultural, basada en principios de inclusión, respeto, tolerancia, equidad y valoración positiva de la diferencia”.11 Así, entender los asuntos indígenas tiene que partir desde asumir y entender la experiencia indígena en la huasteca potosina, es decir, proponer mecanismos y herramientas que expliquen su realidad, que erradiquen las desigualdades que viven día a día, y que frenen la salida de la fuerza laboral a otros puntos del territorio nacional.

 

Saúl Ivan Hernández López
Profesor Investigador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UASLP

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


1 González Zepeda, C. A., y Zentella Chávez, A. P. “Migración interna, apropiación del espacio y redefinición de las identidades de jóvenes indígenas en Tacubaya”, en Jóvenes y migraciones, Baca Tavira, Bautista León y Mojica Madrigal (coords.), Gedisa, México, 2019, p. 119

2 Durin, S. y Moreno Zúñiga, R. “Caracterización sociodemográfica de la población hablante indígena en el área metropolitana de Monterrey”, en Entre luces y sombras. Miradas sobre los indígenas en el área metropolitana de Monterrey, Séverine Durin (coordinadora), CIESAS, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, México, 2008, p. 90

3 Granados Alcántar, J. A., y Quezada Ramírez, M. F. “Tendencias de la migración interna de la población indígena en México”. Estudios Demográficos y Urbanos, vol. 33, núm. 2 (98), mayo-agosto 2018, pp. 327-363.

4 Granados Alcántar, J. A., y Quezada Ramírez, M. F. “Tendencias de la migración interna de la población indígena en México”. Estudios Demográficos y Urbanos, vol. 33, núm. 2 (98), mayo-agosto 2018, pp. 327-363.

5 Durin y Moreno, ob. cit., p. 95

6 Ibíd, p. 81

7 Diputada Lic. Bernarda Reyes Castillo, Comisión de Asuntos Indígenas de San Luis Potosí. Entrevista realizada el 19 de enero de 2023.

8 Durin y Moreno, ob. cit., p. 15

9 Durin, S.; Moreno Zúñiga, R., y Sheridan, C. “Rostros desconocidos. Perfil sociodemográfico de los indígenas en Monterrey”, Trayectorias, vol. IX, núm. 23, enero-abril, 2007, pp. 29-42.

10/ Durin y Moreno, ob. cit., p. 95

11 Garita Pulido, A. V. “La orientación intercultural: una perspectiva para favorecer la convivencia en contextos multiculturales”. Revista electrónica Educare, vol. 18 (1), enero-abril, 2014, pp. 281-291.