Paternidad, migración y vejez: las ausencias y los costos de ser padre migrante

En los últimos años, se han observado cambios en las dinámicas migratorias de Estados Unidos-México, particularmente de los retornos migratorios de mexicanos y sus familias, quienes sostuvieron una estadía temporal o permanente, y regresan a su país de origen. Desde este eje de investigación se intenta posicionar el estudio de la migración de retorno de Estados Unidos a México de personas adultas mayores de contextos rurales, y comprender los cambios y reacomodos en las dinámicas y organizaciones familiares ante la salida de uno (o varios) de sus miembros. Esto conlleva a una serie de estrategias y retos por parte de las familias, para mantener vínculos con la persona que migró, que van desde la relación afectiva y de autoridad entre los integrantes de la familia y las generaciones hasta acuerdos para adaptarse al contexto migratorio.

Ilustración: Alberto Caudillo
Ilustración: Alberto Caudillo

Para ello, desde la investigación posdoctoral Paternidad, migración y vejez. Las ausencias, los ejercicios y los costos de ser padre-migrante de retorno en la etapa de la vejez, se apostó por darle voz y rostro a las estadísticas que demuestran los altos índices de migración por parte de mexicanos y mexicanas; pero en esta ocasión de aquellos migrantes de los años de 1990 a 2000 que regresaron recientemente hacia sus comunidades de origen. Se tuvo conocimiento de los retornos de personas mayores, gracias a las historias narradas por quienes tienen un familiar, amigo o conocido que migró, o bien, desde la experiencia misma de haber migrado en alguna etapa de la vida. Desde la práctica investigativa, fue posible adentrarse a una región, comunidad o localidad donde están presentes esos relatos sobre cómo les fue en Estados Unidos, lo que lograron materializar, el dinero enviado o de quienes no la hicieron y fracasaron en el norte”. La interacción con las personas del contexto de estudio ha permitido no sólo recuperar narrativas, sino conocer emociones contenidas de las experiencias vividas. Algunas de ellas de alegría, otras de dolor o incluso de deudas.

Un aporte sociocultural es que la migración quedó en la memoria e historia familiar-comunitaria; esto puede constatarse en las historias compartidas por cientos de personas que recuerdan a un abuelo, padre, hermano, amigo o vecino que vivió “allá en el norte”. Algunos de ellos nunca más regresaron a sus comunidades de origen y que representan esas redes migratorias; otros, “se fueron por una temporada, se hicieron de sus cosas y regresaron a casa”.Cientos de relatos compartidos, algunos otros que quedaron en recuerdos son los referentes cruciales que dan identidad, generan leyendas y tradiciones en ciertos contextos.

Cambios en la arquitectura de una colonia, en la aparición de residencias coloridas, de bardas, balcones y portones irrumpen los escenarios rurales. Al caminar por ciertas calles que han sido trastocadas por la migración internacional es posible observar esos contrastes en las edificaciones y desde la propia narrativa de los residentes señalan sin recelo quién sí y quién no es o fue migrante. Es relevante identificar cómo generacionalmente se transmite la ilusión del sueño americano a través de la historia oral, como alternativa de mejorar económicamente ante las dificultades. Asimismo, en la actualidad el fenómeno migratorio es una realidad que permea la vida de las personas, siguen siendo los varones en su gran mayoría los protagonistas de este proceso. Sin embargo, actualmente la migración ha alcanzado a niños y niñas, mujeres, personas mayores; las historias de migrantes caracterizan el contexto histórico de las condiciones en las que se presentó su tránsito migratorio.

Ahora bien, cuando las investigaciones se centran en los impactos que genera la migración en las dinámicas y estructuras familiares, florecen aquellos testimonios de la ausencia del padre o madre, del hermano o del abuelo o la abuela. Para la escucha activa es pertinente, antes que entrevistar, dialogar con las personas que han experienciado el fenómeno migratorio; más allá de la formalidad que sugiere el proceso investigativo, está el desarrollo de la empatía a fin de adentrarse a temas que no siempre están sugeridos en un guión de entrevista. Sino que surgen desde notas vivenciales que describen esos otros que fueron invisibilizados por las estadísticas.

Metodológicamente, la investigación en curso se caracteriza por su posicionamiento interpretativo, que desde el método biográfico-narrativo ha sido posible recuperar los rostros y voces de esas estadísticas del retorno migratorio. La sensibilidad de la investigación cualitativa da orden y sentido a las acciones de los actores sociales, insertos desde su propia individualidad a una estructura histórica y social. La recuperación de narrativas dio paso a la construcción de las trayectorias de vida, de dejar por escrito parte de sus experiencias —pocas veces o nunca nombradas— ante la falta de espacios de diálogo e invitación a la recuperación de la memoria, a escenarios retrospectivos de lo aprendido, identificando las emociones, los malestares, los aprendizajes y las posibles deudas que como esposos y padres, asumen como propias ante las ausencias en sus hogares, con sus hijos e hijas y sus familias.

Por ello, toda trayectoria de vida de un hombre/padre migrante inicia con la recuperación de ese momento de inflexión, de decidir migrar. Por un lado, bajo el ideal socialmente construido del “sueño americano” que se traduce en la búsqueda de mejores condiciones de vida. Pero, ¿a qué nos referimos por condiciones de vida? ¿En lo económico, lo material, lo habitacional? ¿Mejores condiciones de vida para quién, para el padre, para los hijos e hijas, las parejas? Son preguntas que se reconstruyen en las consideraciones finales de la primera fase del proyecto de investigación. Porque en efecto, migran en edades jóvenes y adultas, en etapas productivas y reproductivas, en las que el mandatado de la proveeduría cruza con la paternidad heterosexual, en el ideal de jefe de familia. Salen de sus hogares y comunidades en condiciones adversas y precarias del cruce (río, desierto, muros, políticas migratorias), en riesgo constante por perder la vida. Pero en sus mentes, la idea de proveer, aguantar y llegar siempre está presente, pues de esa manera podrán ser buenos padres.

Mientras se vive en territorio ajeno, aparece el miedo de ser deportado por no cumplir con la normativa de un ciudadano norteamericano, de ser migrante indocumentado. Esto representa en los padres migrantes un temor constante, pero también el enfrentar las penurias en los trabajos que violentan sus propias garantías como personas, al ser violentados, humillados e inclusive discriminados por su condición migratoria. Desde las propias experiencias vividas, los padres entrevistados asumen que trabajaron en condiciones poco higiénicas, con horarios extendidos a más de doce o dieciséis horas al día, con sueldos bajos. A esto se suma, la mala alimentación e hidratación, porque para aguantar largas jornadas, prefieren tomar bebidas energizantes, alcohólicas o algunas drogas. Por supuesto, dormir menos para trabajar más, exposición a actividades repetitivas, a los rayos del sol, a químicos y contaminantes y un largo etcétera, marcan la condición de salud-enfermedad de los padres-migrantes.

Desde esta línea, los costos de las ausencias paternas por motivos migratorios también tienen otros trasfondos, como la trayectoria en el ejercicio de la paternidad transnacional, asociada a estrategias empleadas para comunicarse con sus hijos e hijas y parejas, llamadas telefónicas de cabina a cabina, adquisición de una tarjeta con minutos para llamar al extranjero, el envío de cartas y fotografías (cabe señalar, que el contexto migratorio efectuado por estos padres fue en los noventa del siglo XX, época en el que el uso de las redes sociales no estaba en su apogeo). De esa manera, conocían a sus hijos e hijas, su crecimiento y actividades que realizaban. Pero, otros decidían no llamar por temor de que una lágrima de su hija o hijo los hiciera abandonar la trayectoria migratoria, únicamente a sus parejas para indicar que enviarían el dinero para pagar deudas, colegiaturas o compra de material de construcción.

Tras varios años que se convirtieron en décadas de ausencia física de sus hogares y comunidades, los retornos migratorios nos muestran distintas realidades. Aquellos padres migrantes que retornaron —tras cumplir el sueño americano— ejemplifican sus logros al darles una carrera universitaria a sus hijos e hijas, hacerlos hombres o mujeres de bien, quienes también son migrantes, profesionistas y padres o madres, el pago de deudas adquiridas, el ahorro o instalación de un negocio familiar o término de la construcción de su casa. Así como también la extensión de sus redes de apoyo, participación activa en la toma de decisiones comunitarias, al ser presidentes o ayudantes municipales, comisariados ejidales o mayordomos.

Pero están los otros retornos, sucumbidos en situaciones de precariedad, abandono y soledad. Se trata de padres migrantes que durante su estadía en Estados Unidos no se comunicaron con sus familias, retornaron con enfermedades crónico-degenerativas, sin redes familiares o comunitarias para el cuidado, algunos de ellos deportados o de retorno porque ya no podían costear su vida, con sus cuerpos enfermos.

Finalmente, nos enfrentamos a realidades con diferentes matices que permiten abrir la reflexión y el diálogo sobre las experiencias de la migración internacional. Seguimos caracterizando —desde las voces de los padres migrantes de retorno en la vejez— los costos en los cuerpos, la salud física y emocional, las relaciones familiares, con la pareja, los hijos e hijas en las redes de cuidado. Es necesario recuperar las experiencias de vida en la voz de sus participantes como eje central para dar cuenta de las vulnerabilidades y precariedades migratorias que den sustento para la generación de políticas públicas y la construcción de un mundo social más justo e igualitario.

 

Angélica Rodríguez Abad
Investigadora Posdoctoral en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesora de Tiempo Completo, Facultad de Ciencias para el Desarrollo Humano, Universidad Autónoma de Tlaxcala.

María Alejandra Salguero Velázquez
Profesora-Investigadora en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México.


Este artículo es resultado del proyecto de Investigación Posdoctoral (Año 2/2022-2023) “Paternidad, migración y vejez. Las ausencias, los ejercicios y los costos de ser padre-migrante de retorno en la etapa de la vejez”. Agradecemos el apoyo del Programa de Becas Posdoctorales en la Universidad Nacional Autónoma de México.


Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


Un comentario en “Paternidad, migración y vejez: las ausencias y los costos de ser padre migrante

  1. El estudio posdoctoral se concentra en la parte de la inmigración mexicana por así decirlo más “dramática”, algo así como el elemento emocional de las películas. Deja fuera muchos matices de la inmigración como son la inmigración de profesionales con títulos universitarios ya sean licenciaturas, maestrías o doctorados. Adicionalmente deja fuera a todos aquellos estudiantes que después de terminar la maestría o el doctorado en universidades de los Estados Unidos no desean volver a México ya sea por la conveniencia de una mejor perspectiva financiera o simplemente por “disfrutar” los estándares superiores de vida comparados con los estándares mexicanos. Generalmente, este grupo de mexicanos tiene un nivel superior de vida comparado con los migrantes sin educación, ya no se diga de secundaria, sino de primaria y que se emplean (de lo que sea), en trabajos de muy bajo nivel.

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