Nacionalidad española para la comunidad sefardí, ¿nostalgia heredada?

“No había rencor contra la España, España era sólo nostalgia, pero nostalgia no mía, nostalgia de mis antepasados que me la mandaron, me la dieron con los cantos, con la lengua”, cuenta la escritora Matilda Koén-Sarano en el documental El último sefardí.

La movilidad humana tiene un vínculo con la historia que pocas veces recordamos cuando pensamos en los movimientos migratorios. Observamos la migración del pasado volverse presente a través de las generaciones; el lazo identitario sefardí está ahí, a pesar del destierro, se conserva en la memoria familiar y puede o no volverse una migración futura, tal vez de retorno.

Las nuevas generaciones son las que conservan y reviven la identidad a través de la adquisición de la ciudadanía de sus ancestros obligados a dejar España por el Edicto de Granada promulgado en 1492. Para ellas en 2015 entró en vigor la Ley 12/2015 que hizo posible que las personas descendientes de sefardíes expulsadas adquirieran la nacionalidad española.

Cabe preguntarse el origen de la palabra “Sepharad”, que según el preámbulo de la legislación 12/2015 significa España. Sin embargo, dicen algunas personas de origen sefardí que “Sepharad” es más que una región territorial, es más bien un símbolo de una conexión espiritual que perdura y resulta intangible. Ese lazo con España es tan real como las llaves de casa con las que salieron las primeras familias sefardíes expulsadas de la península ibérica hace más de 500 años, tan intangible como las que hoy se recuerda que pasaron de mano en mano a través de generaciones. Entonces, ¿cómo se demuestra una conexión que no es tangible?

En España, a lo largo de más de 100 años, han existido diferentes esfuerzos entre leyes y decretos para permitir que las personas de origen sefardí soliciten la nacionalidad. Las pruebas exigidas para demostrar una conexión con España han variado en las diferentes leyes. Durante esos años existió la Ley de 1924 cuando se emitió un Real Decreto que reconocía el derecho a la nacionalidad a personas de familias de origen español “con sentimientos arraigados de amor a España”. Sólo 3000 personas solicitaron esta opción que duró seis años. Posteriormente se propuso una que iba dirigida a personas sefardíes de origen marroquí, similar a la que otorgó a personas de Grecia y Egipto en 1948. En 1978 se equipara la ley para que las personas de origen sefardí pudieran obtener la nacionalidad después de dos años de residencia legal en España, al igual que los nacionales de origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal.

Los requisitos son una de las principales diferencias entre esta legislación y la Ley de Memoria Histórica (LMH) o la Ley de Memoria Democrática (LMD), que son aquellas que aplican para personas mexicanas que han querido obtener su nacionalidad por sus padres, madres, abuelos y, recientemente, abuelas. Entre las principales pruebas destacan: la acreditación de ostentar la condición de sefardí originario de España a través de un certificado expedido por alguna autoridad judía y demostrar una especial vinculación con España. Además, toda la documentación debe estar certificada por notarios españoles. Asimismo es diferente la duración: la ley 12/2015 estuvo abierta durante cuatro años, aunque se extendió hasta 2021 debido a la pandemia;  por su parte, la LMH y la LMD han tenido una duración de dos años con posibilidad de un año más de prórroga.

Según el encargo que se realizó al Instituto Cervantes al aprobarse la Ley de 2015, una de las pruebas que resulta ser “fiable y objetiva” para demostrar “especial vinculación con España” son los exámenes de Conocimientos Constitucionales y Socioculturales (CCSE) y del conocimiento del español con un nivel A2. De acuerdo al Instituto Cervantes, 192 396 descendientes presentaron el examen de CCSE entre 2016 y 2021. La mayoría proviene de tres países latinoamericanos: México, Colombia y Venezuela, con hasta el 65 % del total de personas que presentaron su examen.

Las estimaciones que realizó el Instituto Cervantes en 2015 sobre las posibles personas candidatas a obtener la nacionalidad daban a México un número bajo con respecto a otros países: sólo 5500 personas. Sin embargo, las cifras superaron las expectativas, casi 50 000  personas mexicanas se registraron para realizar el examen de CCSE en el mismo Instituto. Un dato que destaca es que el 10 % del total de candidaturas provino de Monterrey y San Pedro Garza, Nuevo León, con más de 20 000. Esta situación trajo consigo muchas preguntas, pero es cierto que existe una relación histórica simbólica entre la comunidad regiomontana que pudo comprobar un lazo con España más allá de poseer uno de los apellidos de origen sefardí.

La historia fundacional de Monterrey y la de diversas comunidades sefardíes en México sobre todo a inicios del S. XX pueden darnos algunas primeras pistas. Sin embargo, aunque se tengan estas hipótesis, al revisar el número de expedientes aprobados por la Federación de Comunidades Judías de España observamos que el número baja casi a la mitad, a 49 % de las que presentaron el CCSE. Según datos del Instituto Cervantes, hasta febrero de 2022 se habían concedido alrededor de 12 000 nacionalidades por esta ley.

La diferencia entre las estimaciones y el número de solicitudes que se realizaron tiene diversas hipótesis, como que el idioma común facilitó a las personas de países latinoamericanos el trámite. Sin embargo, muchas personas siguen en espera de resolución y otras dejaron el proceso a medio camino, posiblemente por la dificultad para demostrar un vínculo real, a la pandemia, e incluso por razones económicas debido a la necesidad de viajar a España para la comparecencia notarial. Esto último, aunado a otros de los requisitos que implican gastos, pudo haber dejado fuera a muchas personas que no tenían los medios económicos para cubrir el trámite.

En suma, la Ley 12/2015 revierte las palabras que rezaba el Edicto de Granada:

Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras.

Por fin, muchas de aquellas personas que descienden de quienes fueron desterradas podrán volver, si así lo desean, a España como nacionales y la nostalgia heredada de la que hablaba Matilda Koén-Sarano dejará de ser.

 

Alma Trejo
Profesora de asignatura en la FCPyS de la UNAM y profesora de tiempo parcial en el Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la UDLAP

Itzel Eguiluz
Doctora en Migraciones Internacionales e Integración Social

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


Un comentario en “Nacionalidad española para la comunidad sefardí, ¿nostalgia heredada?

  1. Alma e Itzel: Siempre me ha gusto leer la historia de España, mi región preferida en la península ibérica es Andalucía, no menciono cada una de sus hermosas ciudades, para no regarla, escucho «Aires Andaluces» y me salen «Suspiros del Alma», como cuando escucha la bella música mexicana (soy Mexica), el centenario problema sefardí, en España, siempre ha sido interesante y que bueno que dentro de esa comunidad religiosa, no haya un desquiciado populachero como… ustedes ya saben quien, que le exija a los Reyes, Felipe y su cónyuge, perdón por tanta atrocidad, tal como lo hizo nuestro máximo representante político, tanto con el soberano español, como con el soberano del Vaticano. Cosas veredes Mío Cid. Vale.

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