Pretendo examinar aquí, desde una perspectiva comparada, dos acontecimientos recientes que han derivado en la muerte atroz de decenas de migrantes en dos lugares del mundo: la costa calabresa, en el sur de Italia, y la frontera norte de México. El primer evento sucedió el 26 de febrero, cuando un barco que transportaba a decenas de migrantes naufragó a sólo 150 metros de la costa italiana, cerca de la localidad de Crotone, provocando la muerte por ahogamiento o por hipotermia de al menos 80 migrantes. El segundo es el incendio del 27 de marzo, ocurrido en una estancia migratoria (un centro de detención) de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde cerca de 40 hombres murieron asfixiados o calcinados; otros 26 fueron enviados a hospitales de la ciudad, algunos todavía se debaten entre la vida y la muerte. Ambos eventos han sido asociados a la reiterada y permanente “crisis migratoria”. Argumento aquí, sin embargo, que se trata de muertes provocadas por los gobiernos y que forman parte de la “estrategia necropolítica”1 en materia migratoria, es decir, de una política que pretende disuadir la movilidad humana provocando sistemáticamente daños graves e inclusive la muerte masiva de migrantes.

Desde el punto de vista geopolítico, Italia y México tienen en común ser puerta de entrada y zona de contención de personas cuyo propósito es dirigirse hacia otros países, situados más al norte. En este sentido, sus políticas migratorias dependen de las exigencias, negociaciones y acuerdos con los principales países de destino: otros Estados de la Unión Europea, en el caso de Italia; Estados Unidos, en relación con México. Sin embargo, la política migratoria tiene dos sentidos muy distintos en el discurso y en los modelos de legitimación de ambos regímenes. En Italia, la inmigración constituye una verdadera obsesión política, la criminalización de la migración y de la ayuda humanitaria es una fuente de legitimidad para el gobierno de ultraderecha. En México, las élites políticas eluden los temas migratorios y los abordan casi únicamente en su relación con el vecino del norte. Podría decirse que, para el gobierno mexicano, la migración es una piedra en el zapato, un tema incómodo sobre el que se dice poco. En las muy largas conferencias de prensa matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador, conocidas como “las mañaneras”, raramente se ha abordado el tema migratorio, y cuando lo hace es para alabar el trabajo de quienes envían remesas a México desde el país del norte.
Por no ir más lejos, la muerte de los migrantes en el incendio de Ciudad Juárez mereció dos minutos y medio de comentarios en la mañanera del día siguiente, que duró más de dos horas y media. En ese brevísimo lapso, el presidente mexicano minimizó los hechos y criminalizó a las víctimas asegurando que ellas mismas habían provocado el incendio quemando colchonetas “en la puerta del albergue”, en referencia a una celda sin ventanas donde 66 hombres se encontraban encarcelados, hacinados, después de haber sido arrestados arbitrariamente en las calles de Ciudad Juárez. La información proporcionada por familiares permite deducir que algunas de las personas que allí murieron contaban con documentos migratorios temporales expedidos por el propio Instituto Nacional de Migración (INM). Su arresto se debía probablemente a las presiones constantes que ha ejercido el gobierno municipal para que “se limpie” las calles de migrantes pobres que sobreviven en condiciones de gran precariedad, con la esperanza de poder solicitar asilo o protección humanitaria en Estados Unidos.
Apenas unas horas después de las declaraciones del presidente mexicano, algunos medios difundieron el video de la cámara de seguridad de la estancia migratoria. Ahí se ve cómo los agentes del INM observan el inicio del fuego dentro de la celda y salen sin prestar auxilio ni abrir las rejas para que las personas detenidas puedan escapar de las llamas. Es decir, los agentes deliberadamente provocaron la muerte por calcinación o por asfixia de cuarenta hombres, y heridas graves a muchos otros, por el simple hecho de ser extranjeros y pobres.
La política migratoria mexicana se basa en una contradicción entre un discurso derechohumanista inundado de eufemismos y acciones masivas de detención y deportación de migrantes que hacen caso omiso de los derechos fundamentales de las personas. Cuando persiguen, arrestan y encierran a los migrantes, las autoridades dicen “rescatarlos”; declaran que los “alojan en albergues del Instituto Nacional de Migración” cuando los mantienen en celdas sin ventanas, cerradas con rejas y candados, privados de servicios básicos.
Como otras políticas públicas del gobierno de López Obrador, la política migratoria se ha militarizado. Actualmente, los operativos de control y verificación migratoria se llevan a cabo con la colaboración de la Guardia Nacional. Asimismo, la mayoría de los funcionarios que dirigen las oficinas estatales del INM tienen un perfil castrense. A pesar de la demarcación discursiva frente a las políticas migratorias estadunidenses, en los hechos, la estrategia del gobierno mexicano parece asumir, igual que su vecino del norte, que existe una guerra contra los migrantes pobres procedentes del sur.
En Italia, el naufragio de Crotone tuvo lugar en el contexto político de una fuerte polémica sobre una nueva ley de salvamento marítimo propuesta por el gobierno de Giorgia Meloni, aprobada por el Parlamento italiano, que penaliza la ayuda humanitaria y dificulta las labores de salvamento de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en el Mediterráneo. Un mes después de este naufragio, que fue uno de los más mortales de los últimos años, han ocurrido ya otros cuatro naufragios y más de cien muertes de migrantes en las cercanías de las costas italianas. Las ONGs de salvamento denuncian a la guardia costera de abstenerse de actuar frente a llamados de auxilio en el mar, mientras que el gobierno italiano considera a las ONGs como una de las causas del caos y del crecimiento de las migraciones.
El Mediterráneo es un paisaje de muerte donde más de 26 000 migrantes han perecido ahogados entre 2014 y 2021, de acuerdo con el proyecto de la Organización Internacional para las Migraciones, Missing Migrants. La muerte misma de los migrantes se ha vuelto parte central de la política migratoria: el gobierno italiano, como lo han hecho repetidamente otros gobiernos europeos desde inicios del siglo, justifica dejar morir a las personas argumentando abiertamente que salvarlas es un incentivo para que sigan migrando. Dentro de este imaginario, la llegada de migrantes es equivalente a una “invasión”, una amenaza a la integridad y a la identidad de los europeos en general y de los italianos en particular.
Lo de Crotone y de Ciudad Juárez tienen en común la muerte de migrantes provocada y justificada por los gobiernos. En ambos casos, los políticos sostienen, y algunos medios de comunicación repiten, que los migrantes son culpables de su propia muerte, con actitudes suicidas, como salir al mar en una embarcación precaria o provocar un incendio dentro de un centro de detención. Achile Mbembe explica que una de las características de la necropolítica es la fusión entre racismo, homicidio y suicidio, hasta tal punto que no pueden distinguirse uno de otro. Sin rutas de fuga, sin garantías de destino, ante obstáculos y amenazas de deportación por parte de los Estados, las personas se ven forzadas a realizar viajes extremadamente peligrosos para tratar de sobrevivir y de salvar a sus familias. Criminalizadas, encarceladas y torturadas, buscan las únicas vías de protesta y de escape posibles, que pueden conducirlas hacia su propia muerte.
En ambos casos, la vida de los migrantes es considerada descartable. Eventualmente, presionados por una parte de la opinión pública, los políticos hablan de “tragedia” como si se tratara de una fatalidad reiterada, como si la muerte no fuera consecuencia directa de acciones y omisiones decididas por el Estado y ejecutadas por sus agencias. En ambos casos las políticas de muerte son consideradas simplemente como un factor de disuasión de la movilidad humana.
María Dolores París Pombo
Profesora-investigadora del Departamento de Estudios Culturales, El Colegio de la Frontera Norte
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 Propuesto por Achile Mbembe, el concepto de “necropolítica” hace referencia a políticas que provocan la muerte masiva, sistemática, de segmentos completos de la población, generalmente con base en nociones de raza y nación. Ver al respecto su ensayo titulado Necropolítica, editorial Melusina, 2011.