Como tratando de absorber todos los detalles del lugar, Juana —seudónimo—, una migrante procedente de Oaxaca, estaba afuera de una casa de campaña, sentada en una silla de tres patas. Nos ofreció sentarnos en bancos improvisados de cajas y desechos de plástico mientras nos daba una taza de café. Ella estaba en un campamento de migrantes en Matamoros, Tamaulipas, a orillas del río Bravo que divide con Brownsville, Texas. Nos contó algunas cosas sobre la organización social, así como rumores que había escuchado. Matizó que por eso estaba ahí sentada, para enterarse de lo que se decía. Era un domingo 30 de abril y habíamos ido al campamento con algunas organizaciones no gubernamentales para celebrar el Día del Niño y convivir con la gente.

Fue nuestro primer acercamiento con distintas personas en movilidad, nacionales y extranjeras, que habitaban a la intemperie en este nuevo campamento de migrantes. Nuevo porque el primero se formó en el año 2020, poco antes de iniciar la pandemia, con una cantidad aproximada de 1400 personas. También se localizaba a orillas del río Bravo, frente al módulo de Repatriación Humana del Instituto Nacional de Migración (INM) y fue cercado con motivo de la “restricción sanitaria”. El campamento fue desmantelado en marzo de2021 con la llegada de Joe Biden a la presidencia de los Estados Unidos y el supuesto fin de la política migratoria de Donald Trump.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

El nuevo campamento de migrantes inició hace dos meses, con alrededor de 1200 personas a la fecha. A diferencia del anterior, tiene una delimitación simbólica: los connacionales están dentro de un cerco físico y en medio de unas carpas. Después del cerco están algunos venezolanos y cubanos. En otro extremo, antes de la llamada “Cruz del migrante”, está otro grupo de personas que viajan solas, sin familia, de diversas nacionalidades. El apoyo de la sociedad civil no se ve tan constante como en el campamento pasado. Este nuevo campamento tampoco tiene la infraestructura que el anterior. No obstante, el flujo entre quienes llegan, los que cruzan el río Bravo de forma indocumentada, y los deportados de Estados Unidos sí es muy similar.

Además, hay algo que seguramente en el campamento pasado existía pero que en el nuevo se ha hecho más evidente por diferentes razones: la circulación de rumores. El flujo es constante y se remite a la inseguridad en el campamento, el riesgo de cruzar el río Bravo y las esperanzas de recibir asilo en Estados Unidos. Los rumores influyen en las emociones de las personas migrantes en el campamento. Es decir, son un recurso y a la vez una herramienta para las personas en movilidad, a veces generando incertidumbre en sus vidas debido a la desinformación sobre la vida cotidiana en el campamento o las políticas migratorias cada vez más complejas y disuasivas.

Filósofas como Margarita Zires1 han planteado que para algunos analistas pioneros, el rumor es un proceso de distorsión de la verdad y está en oposición con la noticia y la objetividad. Para ella, es necesario trascender esta mirada y más bien considerar el régimen de producción histórica y cultural del rumor. Por otro lado, para politólogos como Cass R. Sunstein2 los rumores son eficientes en espacios controlados, se vuelven un recurso que va más allá de la información y fluyen de boca en boca como algo verídico, existiendo la posibilidad que se repitan o se hagan más fuertes. Es una herramienta que puede influir o modificar creencias, incluso fenómenos sociales.

En el nuevo campamento de migrantes en Matamoros, los rumores, por un lado, son un recurso que redefine el impacto de la migración. Por otro lado, son un regulador que influye en los miedos o esperanzas de aquellas personas que están en espera, que les permite especular o construir esperanzas en torno al “sueño americano”. En palabras de Juan Carlos —seudónimo—, un migrante venezolano, es un sueño anhelado porque “se gana mejor en el norte que en el sur y se vive mejor”. No obstante, las expectativas de algunas personas en movilidad no sólo se basan en anhelos, decisiones o agendas migratorias propias, sino también en rumores que circulan en el campamento, incluso en redes sociales, pero que trascienden la frontera territorial que los separa de Estados Unidos.

Durante nuestra breve visita en el campamento, mujeres y hombres nos compartieron historias sobre sus trayectorias migratorias, pero también rumores que habían escuchado y tomaban muy en serio. En concreto, identificamos tres rumores.

El primero vinculado con la violencia hacia las mujeres: “Dicen que violaron a una mujer”. Para algunos migrantes, el campamento es un lugar inseguro debido a la falta de supervisión de las autoridades. El rumor tenía una variación narrativa, a decir de Juan Carlos: “El día de la tormenta se escuchó que estaban violando a una mujer, se escuchaba que gritaba pero nadie salió”. Juana, por otro lado, complementó el rumor con otra variante: “Dicen que el día de la tormenta unos esposos se pusieron borrachos y se pelearon, luego la mujer gritó y llegó su hermano, llegaron los demás y golpearon al hermano sin saber qué había pasado”. El rumor y sus variantes nos permiten especular sobre la violencia al interior del campamento, un tipo de violencia de género anclada en la en la vulnerabilidad estructural, cultural y personal de las mujeres, en particular si viajan solas.

El segundo estaba relacionado con el riesgo de cruzar el río que sirve como frontera natural entre México y Estados Unidos: “Dicen que se ahogaron unos en el río Bravo”. Juana complementaba con su narrativa: “Yo no paso, es bien peligroso ese río, dicen que hoy en la mañana se ahogó una persona, yo creo que mañana sale el cuerpo”. Se trata de un rumor reciente, pero con una historia que lo legitima y que, más allá del espectáculo fronterizo, ha sido usado como política de disuasión migratoria. El rumor genera incertidumbres y dudas de lo que podría pasar si alguien se atreve a cruzar la frontera de forma irregular, de morir en el intento, pues también se nutre de historias sobre amenazas de la fauna silvestre (cocodrilos que habitan el río), de corrientes traicioneras y de agentes de la Patrulla Fronteriza que dejan ahogar a los migrantes como escarmiento.

El último aludía a la supuesta apertura de la frontera al terminar el Título 42: “Dicen que van a abrir la frontera”. El rumor amplificó la incertidumbre de las personas que esperaban en el campamento y al mismo tiempo fungió como imán que atrajo a más migrantes a la frontera norte de México con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Antón —seudónimo—, un migrante cubano, creía en el rumor y construía su propia narrativa: “Que el 11 de mayo que abran la frontera, como dicen unos, podemos pasar sin problemas a los Estados Unidos”. El rumor, como se observa, tendía a la especulación, a un anhelo de los migrantes en todo el campamento, alimentando sueños y esperanza de quienes desean cruzar la frontera. Al mismo tiempo, el rumor conjugaba información en parte verídica sobre el fin de dicha medida de expulsión sanitaria. La incertidumbre se reprodujo de boca en boca, se unió a los deseos y se mezcló con los cambios bruscos en las políticas migratorias de los Estados Unidos.

Los rumores, como se observa, han sido un recurso clave en la reproducción social del nuevo campamento de migrantes en Matamoros. No obstante, recientemente también han expirado o se han redefinido en el contexto de las muertes de migrantes en Brownsville, la ciudad vecina de Matamoros, y de las políticas de securitización fronteriza que ha implementado el gobernador texano Gregory W. Abbott.

 

Tamara Segura Herrera
Posdoctorante en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, UAM Reynosa-Aztlán.

Oscar Misael Hernández-Hernández
Profesor investigador en El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros.

Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.


1 Zires, M., “La dimensión cultural del rumor. De lo verdadero a los diferentes regímenes de verosimilitud”, Comunicación y Sociedad, núm. 24, 1995, pp. 155-176.

2 Sunstein, C. R. Rumorología. Cómo se difunden las falsedades, por qué las creemos y qué hacer contra ellas, Debate, Barcelona, 2011.