Zapatos y otros objetos personales pertenecientes a varias familias centroamericanas en el área de dormitorios del albergue cristiano bautista “Embajadores de Jesús”.
México se enfrenta en estos momentos a una complejidad de tránsito migratorio sin precedente. Esto se basa en varios factores: en primera instancia, la gran diversidad de los países de origen de estos flujos humanos; si bien la gran mayoría continúan siendo centroamericanos, personas procedentes de Sudamérica, África y Asia también forman parte de estos. En segunda, la enorme panoplia de causas por las que migran; lejos han quedado ya los años en los que la migración a Estados Unidos era motivada principalmente por factores económicos y movilidad social. Hoy en día el escapar de la violencia o la persecución ocupa un lugar prominente. En tercer lugar, aunque se esperaría que estos flujos transitaran únicamente por el país por un período limitado de tiempo, el cierre de frontera en Estados Unidos y su política de externalización, así como la epidemia de violencia en México entre muchas otras, contribuyen a una tasa muy alta de permanencia en el país.
Las fotografías que aquí se muestran son parte del proyecto: “Cohesión social: Hacia una política de integración de personas en situación de movilidad en México”, resultado de una investigación financiada por Open Society Foundations y coordinada por la División de Estudios Internacionales del CIDE.
Todas las imágenes han sido realizadas con el permiso de las personas fotografiadas. Se ha respetado el anonimato en aquellos casos que se encuentran bajo protección internacional o persecución directa; en estos casos los nombres utilizados no son reales.
La frontera norte de México se ha convertido en el muro de contención de miles de personas que esperan cruzar a Estados Unidos. Buena parte de ellos son personas que, dado el motivo por el que han marchado de su lugar de origen, deberían poder acogerse a un estatuto de protección internacional. El motivo por el que se encuentran en este territorio tiene una relación directa con la puesta en marcha los Protocolos de Protección a Migrantes —Migrant Protection Protocols (MPP)— en enero de 2019 por parte del vecino del norte. Los MPP son un programa por el cual los ciudadanos que llegan a los Estados Unidos por tierra desde México son devueltos a este país mientras esperan resolución a sus procedimientos. Las historias de vida de crueldad y dolor se acumulan en el lado sur de la frontera y estos son algunos ejemplos.
María, 56 años, guatemalteca. Mientras espera el resultado de su aplicación de asilo, trabaja como cocinera en la organización que inicialmente la acogió durante un año. Este trabajo le permite rentar un departamento junto con su familia y sobrellevar la carga de la espera.
Hace 22 meses que huyó de su país con su esposo e hija menor; perdió a tres de sus cinco hijos a manos de grupos de la delincuencia organizada. El acoso constante por parte de estos le hacen temer por su vida y la de sus familiares. Su propósito final es cruzar legalmente a California para reunirse con su hermana, quien ya cuenta con residencia ahí.
Ana, 29 años, mexicana. Es desplazada interna. Tiene tres hijas con las que espera en un albergue en la frontera norte la resolución a su petición de asilo. Tuvo que escapar del acoso, maltrato y vejaciones que le provocaba su pareja. Las conexiones de su marido con grupos delincuentes le hacen temer por su vida. Han sido muchas las ocasiones en las que le han advertido que su vida corría peligro en caso de abandonarlo.
Alexander, 2 años, y sus padres, Idania de 21 y Sebastián de 31, nicaragüenses. Llevan más de un año en un albergue esperando que los contacten para una segunda entrevista. La familia completa huyó hace más de 20 meses de su comunidad de origen. Sebastián sufre persecución directa por pertenecer a una minoría étnica: “quieren matarle por su apariencia física”. La parte más dura de su travesía fue el cruce del río Suchiate con su hijo a espaldas para llegar a Ciudad Hidalgo, Chiapas, donde casi mueren ahogados. Idania cuenta que acompañará a su marido en lo bueno y lo malo.
Se estima que entre enero de 2019 y diciembre de 2020 al menos 70 000 personas han sido devueltas al norte de México en espera de una audiencia judicial en Estados Unidos en el marco de los MPP.1 Junto a éstas, se encuentran migrantes laborales, deportados por detención en la frontera o desplazados internos mexicanos que han tenido que huir de su ciudad por miedo a perder la vida.2 La llegada de estos cientos de miles de personas está provocando tensiones, especialmente ante las dificultades que se encuentran las autoridades para dar cabida a sus necesidades. Decenas de albergues, de toda índole, han surgido a lo largo de la frontera norte, desde que se dieran las primeras caravanas en octubre de 2018, con objeto de acoger, en muchos casos de forma muy básica, a las personas migrantes en tránsito. Estos son algunos de los localizados en Tijuana.
Centro Integrador para Migrantes “Carmen Serdán”, institución pública situada a 45 minutos del centro de Tijuana en una zona de parques industriales. Los migrantes aprovechan esta situación para trabajar en las decenas de maquiladoras que se encuentran en la zona. El Centro abrió sus puertas en diciembre de 2019 como parte de la estrategia nacional para atender a la población migrante retornada a México mientras esperan una resolución de asilo en Estados Unidos. El objetivo de los centros integradores no es sólo proveer de alojamiento y alimento a los cientos de personas que allí se alojan, sino también enlazarlos con grandes instituciones públicas como empleo o seguro social. De este Centro salieron las primeras 25 personas hacia Estados Unidos una vez reanudadas las solicitudes de asilo a mediados de febrero.
“Embajadores de Jesús”, un albergue cristiano bautista localizado en el Cañón del Alacrán, casi a cinco kilómetros del sur de la frontera con Estados Unidos. Fundado como una iglesia por Zaida Guillén y su esposo en 2011, se convirtió en albergue en 2015 con la llegada de los primeros migrantes haitianos que dormían en las calles de Tijuana. Hace dos años empezaron a trabajar con personas de Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua que llegaron en las caravanas de migrantes de 2018. En los últimos meses han empezado a recibir migrantes mexicanos, escapando de la epidemia de violencia en estados como Guerrero y Michoacán, así como a migrantes de países como Perú, Cuba, Venezuela, Brasil y Chile. Su población actual es de alrededor de 180 personas.
Movimiento Juventud 2000 (conocido como Tijuana 2000), albergue situado en la zona norte de la ciudad de Tijuana y a menos de 100 metros de la línea fronteriza; se fundó en 1993. Su principal característica es las decenas de tiendas de campaña que, en forma de colmena, se agolpan en unos pocos cientos de metros cuadrados. Tijuana 2000 es un albergue para familias que en los últimos años ha pasado por grandes dificultades económicas ante los recortes presupuestales del gobierno. Esto ha llevado a que las decenas de familias, que en muchos casos llevan más de un año allí viviendo, se organicen de forma constante con objeto de mejorar sus condiciones de vida.
Entre los principales motivos por los que cientos de miles de personas se acumulan en la frontera norte es porque han tenido que escapar de sus lugares de origen por violencia o persecución. Esto está provocando que, en muchas ocasiones, las migraciones sean familiares. Cientos de niñas y niños acompañan a sus madres y padres en un viaje cargado de peligros e incertezas. Los albergues de las ciudades fronterizas han tratado, en muchas ocasiones, de acomodarse a estos nuevos inquilinos, pero la gran mayoría están muy lejos de proveer un espacio digno y de calidad. Niñas y niños procedentes de diferentes países tan sólo pueden esperar el siguiente movimiento de sus progenitores.
Niña; 2 años.
Niño; 1 año, y su madre.
Niña; 4 años.
Las dificultades para llegar a Estados Unidos hacen que sean muchas las personas migrantes en tránsito que se ven obligadas a permanecer en el país. Si bien la mayoría de éstas mantienen su interés y esperanza por alcanzar la ansiada meta de cruzar, otras buscan vías alternativas para acomodarse en este ínterin. Con objeto de asegurar que la estancia en México no desvirtúe la desafiante cohesión social, es necesario abordar una agenda de integración coherente y global. El proceso de integración en México se caracteriza por la existencia de una gran maraña de barreras sistemáticas, que coloca a las personas migrantes en situaciones de vulnerabilidad.3 A pesar de ello, como muestran las siguientes imágenes, la población migrante busca sus propios caminos para continuar con sus vidas.
Una persona migrante acompañada de su abogado revisa documentos afuera del edificio del Instituto Nacional de Migración en la Ciudad de México, donde las filas para realizar trámites comienzan a formarse desde las 4 a. m. El último censo del INEGI muestra que en 2020 más de 1 200 000 personas extranjeras residían en México. La Unidad de Política Migratoria informa que se emitieron o renovaron 180 000 tarjetas de residencia tanto temporal como permanente, se expidieron más de 23 000 tarjetas de visitantes por razones humanitarias y más de 32 000 tarjetas de visitantes regionales.
Jóvenes centroamericanos pertenecientes al programa MPP esperan el avance de su proceso de aplicación de asilo en el albergue “Embajadores de Jesús” en Tijuana. Cada dos días acuden al centro deportivo Gran Tenochtitlán, donde organizan partidos con jóvenes locales.
El deporte es por excelencia una de las principales herramientas de integración y de cohesión social. Poner en marcha programas utilizando las prácticas deportivas a lo largo del país ayuda al acomodo de personas migrantes.
Dilcia tiene 36 años, es nicaragüense e intentó, en dos ocasiones, cruzar y permanecer en Estados Unidos. En su segundo intento, hace ya 11 años, decidió rehacer su vida en México. Hoy vive en Tlalnepantla junto con su marido mexicano y sus tres hijos de 9, 5 y 4 años. Hace tan solo un año que consiguió regularizar su situación de residencia en el país. Dilcia pasa sus días cuidando a sus hijos y cocinando tamales con objeto de obtener un dinero extra para que a su familia no le falte nada.
México ante la complejidad del tránsito migratorio.
Elena Sánchez-Montijano
Profesora Investigadora Titular DEI-CIDE. Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona).
Renato Miller
Fotógrafo documental. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, ITESM.
Esta publicación se enmarca en el proyecto “Cohesión social: Hacia una política de integración de personas en situación de movilidad en México”, disponible en línea.
Este texto es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y nexos.
1 American Immigration Council. “The Migrant Protection Protocols”, 22 enero 2021.
2 El Colegio de la Frontera Norte. “Migrantes en albergues en las ciudades fronterizas del norte de México. Poblaciones vulnerables ante covid-19”, 2020.
3 Haas Paciuc, A., Sánchez-Montijano, E. y Zedillo Ortega, R. “Integración de migrantes en México: un llamado a la acción”. nexos, 24 febrero 2020.